Y digo nuestros y no de la Junta porque, en realidad, somos nosotros quienes los pagamos. Los ha habido en altos cargos que ni portaban por su despacho y los ha habido con vitola ministerial que se llevaban el manso, pero los que acaban de descubrirse en el SAS son legión y resulta inenteligible su entidad laboral y administrativa, tan retorcidas son las trampas que la Junta se hace a sí misma en el solitario. ¿Se imaginan lo que le ocurriría a un peatón si lo pillan trampeando con “empleados fantasmas” en su empresa como la Junta hace en las suyas? Una vez más resulta incomprensible la impunidad de estos responsables inmunes acogidos a sagrado en el fortín de la Política.

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