La verdad es que el caletre autonomista no ha tenido nunca clara la imagen satisfactoria de la autonomía. El primer intento de simbolizar la andaluza, en efecto, allá por el año 84, dio de sí un logos consistente en dos semicírculos bajo los que se acogía a sagrado un triángulo en el que ignoro por qué los semiólogos reconocían al propio Hércules blasinfantilista, ya sin leones, y al que suponía exponente de nuestra “identidad corporativa”. Y ahora el “Gobierno del cambio” acaba de imponer el logo propio consistente en una “A”, trasunto de una Andalucía “sintética, sólida y modernizada”. Les ahorro el resto de la perorata camelísitica al tiempo que prevengo del considerable gasto que el cambio ocasionará. Pero no una conclusión: que tras estos largos decenios seguimos sin saber cómo posar ante la cámara debeladora.

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