Un papel inédito del célebre semiólogo ruso Yuri M. Lotman, conservado por su hijo, ha sido publicado en la Revista de Occidente por iniciativa de su colega español Jorge Lozano. Se trata de una reflexión bien lúcida sobre la ‘realidad’ de la brujería y las causas que desencadenaron las conocidas persecuciones ocurridas en la Europa del Renacimiento, sobre todo, causas que Lotman cifra esencialmente en el miedo que provoca la idea de la intervención demoníaca precisamente a medida que se desarrolla el conocimiento, crece la cultura y la ciencia progresa, un miedo que se ve potenciado, además, por la difusión a través de la imprenta de de la literatura demonológica. Señala Lozano con buen tino que, en realidad, no es la amenaza de la bruja la que crea el miedo a su figura sino, justo al revés, el miedo colectivo, la “nube de miedo” que instala y envuelve en la irracionalidad a las sociedades, la que crea la figura de la bruja con independencia de la propia asunción de su rol imaginario por parte de muchas de aquellas desdichadas. Sobre el tema pesa una aplastante bibliografía que, ciertamente, sospechó casi siempre de la dimensión trascendente del fenómeno, aunque todavía bulas como la de Inocencio VIII o el famoso “Malleus Maleficarum” de Sprenger y Kraemer, abonan la credulidad hasta el punto de considerar el peor de los pecados la incredulidad en la brujería. Desde teólogos tan rigurosos como el maestro Ciruelo al temido inquisidor Fernando de Valdés, pasando por el feracísimo Tostado o sabios como Pedro de Valencia, el amigo de Arias Montano, la mayoría de nuestros ingenios tuvieron clara la naturaleza imaginaria del fenómeno, hasta el punto de que Salazar y  Frías aconseja sencillamente no hacer caso de sus historias –“cuentos” los llama Valencia– como mejor providencia para combatirlo. Clave en esa literatura es la obra de Caro Baroja sobre los sucesos de Zarragarramurdi y el posterior desarrollo del tema por parte de Henningsen, acordes ambos, en lo fundamental, con la inteligente tradición desdramatizadora, como lo había sido Lea o lo serían, mucho más tarde,  Levack o Donovan. La “semilla del diablo” no fue sino un invento del miedo y resulta interesante preguntarse si no lo seguirá siendo hoy.

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Es seguro que las graves crisis económicas de aquel gran periodo, así como las asoladoras epidemias de peste negra y la convulsión espiritual que debió suponer la explosión reformista, contribuyeron a extender la creencia en el poder del diablo, otro tema sobre el que poseemos una bibliografía extensa y notabilísima. Pocos enredos brujeriles hubo en la España del XVIII, el llamado “universo feliz” quizá por esa misma razón y, naturalmente, apenas si hubo ya algún brote paranoico en las etapas posteriores, es decir, en la Europa y en la España contemporánea. Tuviera que ver, desde luego, que la inquietante coyuntura que estamos viviendo –crisis, guerras, genocidios, derrumbe moral, etc.—pusieran de nuevo en funcionamiento el mecanismo instintivo en que tiene sus raíces el pánico, como hace poco nos advertía en las “Charlas de El Mundo” el gran sociólogo Víctor Pérez Díaz, vaga pero prudentemente temeroso de que la incertidumbre y la ignorancia de la realidad adversa desencadene procesos irracionales que no es verosímil que acaben quemando brujas pero sí que les dé por imaginarlas, lo cual sería ya de por sí no poco grave. Es importante subrayar que esa “nube de miedo” no surge expresamente de las religiones sino de la sociedad en su conjunto y, en cierto modo (recuérdese la “Demonología” de Bodino, no digo más) de los estratos dotados de mayor cultura. García Cárcel, que es un gran experto en la materia, me parece que entreveía ya algo parecido. Yo lo que creo es que Polanski no era más que un osado al servicio del miedo.

11 Comentarios

  1. Interesante columna, bien documentada, precisa en su referencia esencial a la bibliografía. Se agradece este “servicio” prestado sin petulancia, sino por sentido de la utilidad.
    Las brujas. fueron y son lo mismo: un invento del miedo. Seguro q

  2. Interesante columna, bien documentada, precisa en su referencia esencial a la bibliografía. Se agradece este “servicio” prestado sin petulancia, sino por sentido de la utilidad.
    Las brujas. fueron y son lo mismo: un invento del miedo. Seguro que jagm conoce el libro de Delumeau “La peur en Occident”. ¿Se le pasó por alto?

  3. Esta es de las que recorto y conservo, amigo. Me descubre en nla bibliogr. cosas que desconozco. Mi doble agradecimiento.

  4. Pobreticas mías, pero que bien explicado está el tema en la columna! Siempre sentí gran compasión por esas desgraciadas y por sus creyentes, que vaya usted a saber cuánto han padecido pos culpa de sus “remedios”. Interesante lo de la imprenta: no se me había ocurrido.

  5. ¿Brujas? No voy a dar nombres pero valga uno por todos: Almudena Grande, la que evoca el plac er de las novicias violadas por los milicianos, la muy guarra. Diche está.

  6. TODO SISTEMA TIENE SUS BRUJAS.
    O ve btujas en el adevrsario, o calumnia al rival acusándolo de brujería. Con gran sentido del humor, un ingenioso de los 70 tituló un libro que dio kjucho que hablar “Las Ciencias Sociales como forma de brujería”. El jege, por supuesto sabe quién es, y mucha genmte del blog también, pero para alguien que lo ignore digamos que era Andrevski.

  7. Es una interesante puntualización, yo creía que la persecución había sido continua y las ejecucionews muchas, por tanto creía que los juristas (el clero de entonces) estarían convencidos de la realidad del prodigio.

  8. Poco que añadir, salvo que esos góticos que inundan la noche representan una forma de invocación. Oigan alguna conversación de esa basca y verán que pueden proclamar la inexistencia de Dios, pero tienen por cierto que sí exista el demonio. Ojeen lo que les van a regalar -lo de leer es otra cosa- a tanto adolescente en estas navidades y verán a lo que juegan.

    De todas maneras, se ha metido en el mismo saco a veces las horras con las paridas. También había más de un súcubo o íncubo doméstico que fomentaba el misterio, pues era menos comprometido que se pensara en el Maligno que en el vecino.

    Si no se asustan con las siglas que asoman, les invito a echar un vistazo a

    http://www.gratisweb.com/psoetolox/psoetolox4/varios/flara.html

    donde se recuerda aquel episodio en lo más fragoroso de la sierra de las Nieves un siglo antes del cacao maravillao en cuyo puchero algunos siguen queriendo sopear, en el que al parecer, tras un colocón colectivo, una tropa de veintipico serranos de muy distintas edades en torno a una hoguera montaron una orgía que pa qué. Lo más fácil fue luego acusar de brujería y de ‘vuelos’ a los pringaos de siempre. Nihil novum sub.

  9. La pandemia de las brujas costó a Occidente la friolera de 250 000 personas achicharradas, de las cuales 70% eran mujeres pero tambien había niños, familias enteras. Se quemó más en los países norteños que en los mediterraneos.
    Supongo que , efectivamente, toda sociedad tiene sus brujas. Efectivamente, a partir del momento en que llegaba “el cazador de brujas” , se montaban las hogueras. Cuando la mujer decía : imposible, mi marido , en las noches del jueves no se iba con la escoba por la chimenea sino que estaba conmigo en la cama”, ella también era acusada de brujería y terminaba por confesar. Nadie chistaba y todo el mundo temblaba.
    Fuera de contexto y con un día de retraso,he visto y oido con interés el documeto aconsejado ayer por el Abate. Es interesante oir de los propios labios de los que manipulan como lo hacen.
    Efectivamente democracia y capitalismo siguen demasiado unidos.
    Un beso a todos.

  10. “¿Acaso no sabes que eres una Eva? La sentencia de Dios sobre tu sexo permanece viva, y por tanto tu culpabilidad también. Eres la puerta del Diablo, la que rompió el sello de aquél árbol; eres el primer desertor de la ley de Dios, la que persuadió a aquél que el Diablo no tuvo el valor de atacar. Destruíste la imagen de Dios, el hombre. La consecuencia de tu deserción fue la muerte, hasta el punto que incluso el Hijo de Dios hubo de morir.” (Tertuliano)

    Me da a mí que en el sufrimiento de tales “pobreticas” la imagen satanizada que difundió la misoginia eclesiástica a lo largo de los siglos también tiene algo de culpa y no sólo fue cosa de remedios y rituales.

    Lo de la Sierra de las Nieves me ha llegado al alma, todavía me acuerdo del susto que nos dieron unos “iluminados” que se acercaban en mitad de la noche a nuestra tienda en las faldas del Torrecilla. ¿Almas del purgatorio? No, unos espeleólogos que vienen de la sima GESM en plena madrugada. Todavía me dura el tembleque (y sin tomar beleño). ¡Qué tiempos!.

  11. la ruleta de la economía es un arte magico, tanto que se puede apelar a la brujeria en alguos casos para poder explicar su comportamiento.un saludo

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