No dejan de llegar noticias de África, todas, ni que decir tiene, desoladoras, crónicas de terribles catástrofes humanas perpetradas al socaire no sólo de la indiferencia sino de la complicidad del llamado “mundo libre”para el que el gran continente olvidado significa poco aparte de los negocios que sigue proporcionando. Noticias de tipo muy diferente, pero todas lamentablemente evidenciadoras de que un entendimiento entre civilizaciones tan contrapuestas –y no sólo en las áreas islamizadas– resulta hoy difícil y una alianza carece de sentido. En Francia se ha vivido últimamente una tragedia con final feliz: la liberación de una muchacha argelina nacionalizada francesa, Fatomata Konta, que fue secuestrada por sus propios familiares en Argelia y sometida a ultrajes y violencias durísimas por haberse negado a aceptar un matrimonio de conveniencia. Un caso entre miles, por supuesto, como bien sabemos en España, y que para que se hagan una idea, constataremos que sólo en la región alrededor de París se calcula oficialmente que hay en estos momentos al menos 70.000 jóvenes amenazadas de matrimonios forzados, aparte de las famosas mutilaciones perpetradas sistemáticamente dentro y fuera del país. Por otro lado está pendiente el sangriento conflicto del Congo, esta llamada “segunda guerra” en la que incomprensiblemente los poderes internacionales se niegan a intervenir contra los tutsis rebeldes del general Nkunda, rival de Kabila jr. Otra catástrofe, sobre un fondo de coltán y diamantes, que dura ya demasiado y junta a sus millones de muertos (cinco en la “primera guerra”) sus multitudes de fugitivos y refugiados. África en boca de todos, pero África olvidada, lejano y prohibitivo paraíso del gran turismo, mina inacabable de tesoros para los más audaces. Y luego, la tragedia de Zimbawe, la inmensa taifa de Robert Mugabe, ahora también asolada por una temerosa epidemia de cólera de la que el tirano, siguiendo la moda, culpa absurdamente a ‘Occidente’, así en general, y a Gran Bretaña en particular. El noticiero africano se resume en unas pocas columnas a pesar de su conmovedora gravedad. La verdad es que, como se ha dicho alguna vez, ese ‘Occidente’ se entera de lo que allí ocurre por las páginas bursátiles.

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África pilla a trasmano a la conciencia occidental, incluso su imagen nos la da muchas veces la imaginación –la obra impresionante de Raymond Roussel o el relato de Francisco Ayala “La cabeza del cordero”, fueron escritos con inverosímil propiedad sin conocer aquella realidad–, ‘imaginada’ como quien dice con rara virtualidad. Como se finge ignorar desde las viejas metrópolis el fracaso estrepitoso del proceso descolonizador de los 60 y el escándalo de las oligarquías nativas, aliadas del colonialismo disfrazado que funciona desde entonces. Una simple relación de las guerras registradas desde aquellos tiempos resulta estremecedora, pero ¿quién se acuerda ya de la guerra de Biafra o de las matanzas del Sur? Hoy ni siquiera la tragedia de Sudán –como la congoleña, como otras varias—figuran ya en la agenda de los organismos internacionales a pesar de andar todas ellas latentes o incluso activas, y de sumar entre todas muchos millones de víctimas. Quizá haya que admitir que esas naciones están comprendidas todavía entre aquellos “pueblos sin historia” o “pueblos de la Naturaleza” que estudiaban sin quitarse el salacot nuestros etnólogos y antropólogos clásicos. Sólo que hoy tienen voz y voto en la ONU, cuota imaginaria de polución y embajadas fantasmales ante la organización internacional en representación tantas veces de pueblos miserables y avasallados. África no existe fuera del mercado. Ése será algún día uno de los crímenes más indefendibles del dudoso humanismo del siglo XXI y quién sabe si algo peor.

3 Comentarios

  1. Voy a serles sinceras: sí, en Africa se matan alegremente, pero tengo cerquita tantas tragedias tan terribles o semejantes que las que vive Africa me conmueven menos. Es que es una tierra que no conozco. Es que allí no tengo amigos, es que también estoy harta de que nos sigan echando la culpa de todo lo malo que les acaece y que nunca reconozcan lo bueno que les hemos traido. Es que hace años que son dueños de sus tierras y lo hacen peor, mucho peor que cuando sufrían bajo la dominación colonial. Es que la tiranía , la crueldad , la insensatez, la corrupción la ejercen ellos mismos contra sus propios hermanos. Que quieran caminar solitos me parece muy bien ,que se equivoquen me parece comprensible pero que se escuden continuamente detrás del blanco colonizador no.
    Ahora bien, dicho esto, para el que sufre, ahí va mi compasión.
    Besos a todos.

  2. Qué pena que a esta hora no se hayan asomado a esta página quienes otros días dejan caer aquí su sabiduría, manifiestan su superioridad intelectual y hasta presumen de confraternidad con el Anfitrión.

    Verdaderamente África es una mancha negra en el mapa y en nuestra conciencia. Es bueno que alguien de vez en cuando -y el Anfitrión no es la primera ni la segunda vez que lo hace- dé un campanillazo que retumbe en las conciencias. No me digan que de poco sirve. Menos es aún ese olvido cómodo, esa ignorancia pacífica que permite saborear una buena copa u oir la música preferida.

    Mi doña Marta también se lamenta de ese dolor que es África y su queja revela la sensibilidad y la impotencia. Voy a decirle mi secreto. Yo también calmo mi mala conciencia de una manera poco ortodoxa. Sé que hay millones de negros que sufren. Como me veo impotente para remediar tanto dolor, pongo mis huevos en un solo nido: cuando veo a uno de esos negros de nuestras calles vendiendo cd’s piratas o películas pésimas, compro algo que procuro devolverle al día siguiente diciendo que puede revenderla, que ya la he visto. Si no puedo ayudar a tantos, al menos esa limosna a uno de ellos me deja respirar. Sé que me engaño, pero.

  3. africa se convertira paulatinamente en un pueblo nomada como lo fue israel hasta que despierte. un saludo don jose antonio

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