De la dudosa imagen –“simpáticos”, “grasiosos”, pero vagos y trapaceros—no hay que buscar la culpa fuera de casa: es, en gran medida, de ciertos andaluces. Ahí nos tienen manteniendo la mayor tasa de desempleo en España, consintiendo que Kichi de Cádiz, el alcalde antisistema, no rinda las cuentas de su Ayuntamiento o los “illuminati” del sindicato del diputado Cañamero ofreciendo urnas a la sedición catalana, mientras la limpieza del monte está paralizada hace años en una región que soporta los mayores incendios de su historia. Seguramente nunca vivió Andalucía tanto desgobierno en manos de gente tan menuda ni lo pagó a tan alto precio. El descrédito de la autonomía se trasluce sin remedio sin que se vea por ninguna parte un signo de esperanza. No se culpe de ese drama a los de fuera. Con mirar a los de dentro tenemos de sobra.

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