Demasiados profesores se quejan hoy de que la incultura generalizada se ha convertido en una obsesión que la connivencia de las tecnologías está agravando hasta un punto de no retorno. Cierto, pero echemos la vista atrás para comprobar que ese fracaso de la educación no es nuevo sino que está ahí presente desde que el mundo docente es tal. En las memorias venecianas de Morand, que estos días he citado, se explaya éste a gusto con esos fallos docentes que dejan al bachiller donde y como lo encontraron, es decir, poco menos que in albis si nos atenemos a lo que sería deseable que conocieran y, evidentemente, no conocen, perdidos en esa mecánica insensible empeñada en inculcar en el aprendiz un gramática rígida y desconectada, una geografía reducida a catálogo de accidentes y, en consecuencia, vacía, deshabitada, junto a una historia reducida a crónica o catálogo en la que igualmente la presencia humana se escaparía de todas todas. ¿Cómo considerar educadas a criaturas que quizá podrían repetir teoremas o clasificar silogismos mientras lo ignoraban todo sobre los orígenes prehistóricos, sobre la Biblia, sobre Bizancio o China, el Extremo Oriente o Rusia, la religión o la música?, se preguntaba el hombre ya a la vista de la última vuelta del camino. Mucho me temo que hoy pudiéramos decir algo semejante, sólo que peor, en la medida en que de nuestra enseñanza real se ha eliminado mucho más, se ha ahondado en esas “omisiones bizarras” y en esas “lagunas ubuescas” que todavía podían lamentar hombres que, después de todo, acabaron siendo sabios de enorme envergadura. Como suele admitirse de la Ciencia, el Saber se rige también por un paradigma determinado por la sociedad, que tiene sus necesidades y sabe perfectamente qué es lo que conviene considerar expletivo y por qué. Yo creo que el magisterio oficial sabe mejor qué es lo que el niño debe ignorar que aquello que debería conocer.

Es más que probable que eso que entendemos por Cultura prosiga decayendo hasta diluirse fósil en ciertas reservadas retaguardias del saber. Nuestros hijos se alejan del conocimiento del pasado o del cultivo de la belleza arrastrados por una absurda lógica productivista que considera inútil e inservible todo saber que no sea reductible a un conocimiento inmediatamente aplicable, que no pertenezca por derecho propio a la praxis. Y es posible que la actual proliferación de materias (me niego a decir disciplinas) improvisadas y hasta absurdas encaje en esta lógica de lo útil obsesionada con eliminar el saber excedente. Ubú parece haber ganado esta batalla. Menos mal que la guerra no ha terminado.

7 Comentarios

  1. “Nuestros hijos se alejan del conocimiento del pasado o del cultivo de la belleza arrastrados por una absurda lógica productivista que considera inútil e inservible todo saber que no sea reductible a un conocimiento inmediatamente aplicable”, ……

    Hoy querido JaGM, tocas las fibras sensibles de los que ven, como esta sociedad se está deshumanizando a velocidad de vértigo…

  2. Gran denuncia, bien trazada. El futuro es incierto y cada vez menos seguro culturalmente. La Cultura no cotiza en la bolsa modernista. Aquí no hay más que “habilidades”, capacidad para hacer cposas concretas quyye Mercado demande. ¿Culrua, cultura con K, como ha dicho varias veces jagm? Al Poder le importan un rábano esas materias que enumerana Morand y que jagm refrenda. Sólo quiere “utilidad”. El resto es palabrería.

  3. Hemos leído y discutido la columna, estamos muy de acuerdo en que el sistema de estudios, los planes, parecen hecho con los pies y no con la cabeza. Resulta curioso, de todas maneras que se recuerde, como se hace hoy, las áreas que se dejan abandonadas, áreas tan ivtales como las que se mencionan y que ya echaban de menos en generaciones anteriores, como se nos informa. Pero esto no es nada comparado con la realidad actual: el analfabetismo, la ignorancia generalizados, el vacío mental de cuamnto no e¡sea o parezca práctico. La columna nos ha dejado tristes. No seríamos buenas enseñantes si hubiera sido de otra forma.

  4. No estoy seguro pero me parece que usted es de los que prefieren el saber al conocimiento, y por eso desprecian lo “práctico”. ¿Es así? Si lo es, lamento no compartir con usted su tesis, si no lo es, me alegro mucho pero le rogaría que escriba procurando distinguir posturas. No digo que escriba mal, pero ya me entiende.

  5. ¡Vaya galimatías en que se ven envueltos algunas personas!

    “Saber”: Conocer algo, o tener noticia o conocimiento de ello.

    “Práctico”: Ejercicio de cualquier arte o facultad, conforme a sus reglas.

    En el saber, el sujeto tiene noticia o conocimiento de aquello que trata.

    En lo práctico, el sujeto se limita a ejercer acciones sobre las cosas según sus reglas.

    Deduzco que SABE el autor y PRACTICA el operador.

  6. Lástima de asunto, éste de la “mala educación”, tan antiguo como sabemos. Uno se queda admitado cuando reflexiona sobre cómo ha debido adquirir su particular bagaje de informaciónes culturales al margen de sus estudios reglados, pero en España ha llegado a hacerse comunes expresiones que significan que los titulados aprenden lo que deben saber “fuera” del instituto o incluso de la universidad. No se trata de pedirle a la gente que exhiba grandes culturas, sino de procurar que no se disuelva la residual que nos va quedando en estos palnes de estudio que parecen diseñados para desanimar el aprendiz.

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