Si hace unos días traíamos aquí el hecho singular de la masiva añoranza rumana por los tiempos de la dictadura de los Ceaucescu, acabamos de saber ahora que en la atormentada Ucrania la famosa “revolución naranja” está a punto de ser desbordada por la nostalgia roja, mientras vemos desfilar en Moscú, por los andurriales nevados de la Plaza Roja, la procesión laica de recalcitrantes con fotografías del ‘padrecito’ Stalin enarboladas como los popes enarbolan las del último zar. No sé si la crisis habrá contribuido a este ‘revival’, pero me temo que la nostalgia del infierno no sea gratuita sino que pueda explicarse por el fracaso inhumano de su alternativa. Un cura católico alemán que profesa en la Gregoriana de Roma, Georg Sans, acaba de defender aquí mismo, en estas páginas, la vigencia del marxismo, del que rechaza su filosofía antropológica, pero del que dice retener al menos dos claves “válidas”: su teoría del trabajo alienante y su concepción del capital como una forma de dinero que “no sirve como objeto de cambio” y que tiende inexorablemente a reproducirse y aumentar a base de las plusvalías del esfuerzo ajeno. No está mal para acabar de liarla bajo el cielo protector de estas Navidades grises en que los idearios gobernantes caben sobrados en un papel de fumar aguardando a que el pecio de la crisis salga espontáneamente a flote, como dice la conseja que hacen los ahogados, para revender su chatarra. ¿Por qué habrá quien eche de menos a un bárbaro como Stalin o a un satrapilla vanidoso como Ceaucescu, cómo explicar esa morriña del averno si no es por la incapacidad de una opción alternativa que asume como inevitable su propia quiebra universal? Coincido con el cura Sans en que entre todos hemos bajado las escaleras de tres en tres hasta rompernos la crisma en el descansillo, pero que ello no cuestiona la lógica de la escalera sino la nuestra.

Los mitos no se inventan porque sí y, entre ellos, quizá menos que ninguno el de la mujer de Lot. O el de Orfeo, el impaciente. Si la gente vuelve la cabeza para mirar atrás, incluso desde la memoria de la desdicha, es porque lo que tiene delante la desalienta hasta desarmar su voluntad escarmentada, porque ve sólo ruinas donde le habrían prometido la maravilla del edén. Nada tan convincente como la necesidad, pocas cosas tan persuasivas como el fracaso. Más vale lo malo conocido cuando se comprueba la estafa de la novedad. Y ésa es quizá la razón de este doble giro que trata desesperadamente de reconstruir, cascote a cascote, el muro imposible. Cuando pase esta crisis habrá ricos que serán más ricos y pobres humillados con la cabeza vuelta. Ni el propio Stalin, que era un lince, lo habría imaginado.

6 Comentarios

  1. Otra vez el tema dle otro día, y con muy buena mano. Me gusta el modo de arrimarse a la cuestión de esos tópicos políticos, sin miedo, sin arrogancia, sabiendo de qué se habla. Una raya en el agua. Una más.

  2. Gracias por el artículo y por la recomendación de ‘La balada de Al Capone’. Veo que repite de algún modo el tema de R. Saviano en ‘Gomorra’, ese libro que pocos han leído contentándose con ver la película del mismo nombre, que se queda en la violencia periférica.

    Hoy, cuando los jueces nos parecen cada vez más dependientes de los políticos, y éstos -y los medios de comunicación de masas (medios de distracción masiva)- dependen cada vez más de los financieros, en cuyas manos privadas han dejado prácticamente la fabricación del dinero, quedan pocas ilusiones de regeneración que no pasen por una previa destrucción dolorosa del sistema existente. Porque cuando las cosas no caen por la fuerza de la gravedad, caen por su propio peso, como decía aquel sargento de la anécdota que me contaban en la mili.

  3. El infierno es de ida y vuelta, se decía en mis años mozos. ¿Lo será? Me quedo con la tesis de ja de que si esa nostalgia existe es porque ha fracasado la esperanza puesta en lo de enfrente. Dios nos de paz (ocn una cola zeta) a todos. Y digo a todo.

  4. No me extraña en absoluto esa nostálgia de Ceaucescu. Y de acuerdo totalmente con la frases siguientes :
    “Más vale lo malo conocido cuando se comprueba la estafa de la novedad. Y ésa es quizá la razón de este doble giro que trata desesperadamente de reconstruir, cascote a cascote, el muro imposible.”
    Todo lo que venga lo tendremos merecido.
    Un beso a todos.

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