Una misma medida ha sido adoptada simultáneamente por un instituto de Virginia, la según dicen prestigiosa Kilmer Middle School di Fairfax County, y por una serie de centros docentes hundúes: prohibir entre los tocamientos entre los estudiantes bajo penas severas que incluyen incluso la expulsión. Consideran los responsables de la medida que si un simple apretón de manos puede enmascarar una seña mafiosa, el tacto habitual entre las compañeros implica riegos tanto físicos como morales que ellos creen imprescindible cortar por lo sano en beneficio de todos. No es fácil prever el fracaso de semejante medida que algún guasa ha denominado ya “embargo táctil” y menos sostener con seriedad esa argumentación tuitiva que evidentemente encubre otras motivaciones adultas menos confesables (y hasta puede que inconscientes) entre las que, junto a la “alarma senil” de que habló alguna vez Morin no resulta especialmente difícil entrever la mísera silueta de la envidia. Ni que decir tiene que la ‘basca’ se ha tomado la medida a título de inventario dejando ver a las claras el abismo axiológico que separa la estimativa juvenil de la que, al parecer, sigue inspirando un espíritu censor que hace mucho que nada tiene que ver con la realidad. Pero lo que tal vez pueda resultar más desconcertante en esa anacrónica medida es la evidente nota pesimista que conlleva la represión en la medida en que considera la caricia como una trasgresión pura y dura en lugar de ver en ella, como han visto cierta psicología, el producto de un largo y laborioso proceso de superación de la animalidad. La caricia aparece en un estadio avanzado de la convivencia zoológica como demuestra la afectividad gestual de algunas fueras durante el cortejo, es decir, viene a ser todo lo contrario de lo que supone la vieja teoría de la animalidad (entendida como brutalidad) del afecto sexual que subyace bajo ella. Desde USA a India un mismo espíritu reaccionario trata de librar contra la libido juvenil una batalla imposible en la que han fracasado ya infinidad de rigorismos desde los tiempos más remotos. Esta vez no sólo fracasará el proyecto sino que va a hacer del moralista el hazmerreír del personal.
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No hay quien entienda a este mundo, en todo caso, si nos paramos a poner junto a esta noticia insólita el debatillo provocado en Francia por la imagen del beso circunstancial y nada apasionado que François Hollande depositó en la mejilla de Ségolène Royal como símbolo de la ruptura irreversible de un viejo “couple” que, sin apenas hacer ruido, había logrado hacerse con el santo y la limosna dentro de la vapuleada socialdemocracia francesa. Pero donde no sacarán nadan en claro las nuevas inquisiciones es en el territorio exento de esos jóvenes a los que el instinto suple sobradamente las razones profundas de los gestos. El genio de Paul Éluard sostenía que así como la caricia nos redime de la infancia, la palabra de amor supone ni más ni menos que nuestro nacimiento como personas y esas son razones poderosas para desalentar a los ultracastos incapaces de entender que tanto la ética como la estética joven son construcciones autónomas, ideologías cimarronas, en las que la acción socializadora se limita a sugerir modelos y, en última instancia, a proporcionar la ocasión. Hay que ser membrillo, admitámoslo, para proponerse desterrar de la conducta joven de hoy día esa familiaridad que está proclamando, en ocasiones estentóreamente, una concepción por completo diferente de la heredada en lo que se refiere al papel de los ritos amistosos. Eso podría valer para aquel “couple” o para los inquisidores, que es probable que comenzaran haciendo maniotas bajo la mesa, pero no para una generación que, como quien no quiere la cosa, ha sustituido las bragas por el tanga y se ha abierto de par en par el escote de la noche a la mañana. La agonía tiene sus embestidas y en política eso se llama reacción.

20 Comentarios

  1. 09:41
    “El Vaticano recomienda rezar el Rosario mientras se conduce en pos de la seguridad vial”
    http://www.europapress.es/firma.aspx?cod=20070619184010&ch=274
    No creo que las recomendaciones de Su Santidad mejoren las cifras del tráfico, pero es seguro que aumentará el número de los que entren en el Reino de los Cielos.

    Espero de la indulgencia de nuestro don Pater que disculpe esta frivolidad inocente.
    Pepe Griyo

  2. Ayer demostró, amado jefe, que los viejos temas conservan intacta su capacidad de provocación. Qué devoción, qué crédito para la Ciencia en boca de varios de nuestros blogueros! Hoy nos propone otro igualmente antiguo aunque disfrazado por la modernidad, pus es sabido que la lucha por mostrar/esconder el cuerpo es constante a través de la historia cultural de la humanidad.

  3. (Qué ganitas de presentarme como capitán Renault). Pero vayamos a la almendrilla. A ver, que levante el nick alguien que batalle a diario en esos establecimientos de … jo, que afásico me encuentro hoy, establecimientos de estabulamiento, sea, que reciben el nombre de IES (instituto de enseñanza secundaria, me niego a usar otra vez las Shift).

    Que nos pormenorice cómo viste la basca que llama el Anfi, cómo son los chanclones o los apestosos deportivos, las calzonas caribeñas, las camisetas con/sin mangas y sus rótulos por delante o por detrás, que usan los maromos. Cómo las maris lucen tejanos de talle bajísimo que se asoman al borde mismo de, que gracias a su rasuradito frecuente, no muestra lo innombrable, pero que permiten por la retaguardia conocer el modelo, el color y hasta la calidad del tanguilla mínimo. Cómo el abismo de sus escotes permiten contemplar por arriba el ombliguillo que la prenda por debajo no tapan. Cuál es la minimidad de los sujetadores que a duras penas le tapan la cerecillas. Cómo en cualquier apartadillo pueden estar dos, el sexo de que sean no importa, morreándose, moldeando el cuerpo del otro con su caricia interminable, refregándose, medio gimoteando, en una desbocada tormenta hormonal.

    No, no soy un viejo verde, sólo alguien que pasaba sin cerrar los ojos. Que nos exponga un doliente cómo de cada seis palabras, al menos cuatro se corresponden con lo que los retablos carrozones que pululamos por esta tertulilla, llamaríamos tacos. Las otras dos restantes son tío/tía o ¡venga!.

    Ni tanto ni tan dello. Ni don Juan ni Juanillo. Pero los colegios de pago, los de pago-pago, nada de curitas concertados ni cooperativas de docentes pesebreros, los que aparte de matrícula y mensualidades por encima de los 250€ obligan a sus alumnos, común de ambos sexos, a usar uniforme hasta el último día de curso, el polito de rigor y el pantaloncito largo o la faldita.

    “Te he hecho un trabajo que te cagas, tío”, me dijo una vez una zagalona cuando por error tuve que dar unas cuantas clases a mayorcetes hace ya un puñado de años. Aquella noche llegué a la duda de si tomarme toda la reserva de pastillas legales más casi la botella entera del bourbon que me priva y dormirme para siempre. Pesaba mucho la vocación entonces en mí y tampoco tenía intención de librar a mi pareja tan pronto del castigo de mi presencia diaria.

    Y aquí me tienen dando la barrial. Ea.

  4. Curiosa noticia, cuaquerismo yanqui (de India, nada digo), puertas puestas al campo, ¿no creen? Cada día el agradezco más a jagm el esfuerzo por no abrrirnos como sis colegas con la barrila (creo que se dice así) de las etas, pepes, aeneuves, pactos, corrupciones y demás.

  5. La semana anterior jagm trajo a las Charlas de Huelva a Luis del Pino: un escalofrío escucharle hablar del 11-M, pueden creerme. Hoy trae a Nicolás Rendodo (hijo) para hacer balance del procesillo de paz y la ruptura de la tregua. Este tío está haciendo una labor que no se le reconoce, aunque muchos lo hagamos.

  6. Yo creo que nadie tiene derecho a meterse en mi vida y la de mi coleguita, a ver qué les importa a ellos si nos tocamos o no nos tocamos nosotros. que no se toquen ellos si no quieren, o a lo mejor es que ya están aburretas.

  7. Tipical american. En los viejos tiempos todom el mundo en los Estados Unidos admitía el “petting” (meter mano hasta… ¡menos ESO!), tal como se ve en las películas. Frenar ahora esta libertad desmadrada les va a costar trabajillo y no sé por qué estoy a punto de darle la razón a Zumbao.

  8. No sé por qué se extrañan de que se introduzca disciplina. ¿Está bien la de Sarkozy en las aulas frandesas y mal esta de los americanos?

  9. Verdaderamente se ha perdido por el camino el sentido de la medida. Lo que hoy se ve en la escuella, en la calle, en cualquier parte, es excesivo probablemente. Y los jóvenes no están impedidos para entender que un mínimo de discreción es natural y conveniente. Si no lo entineden, corren el riesgo de que venga el maestrillo con la vara de acebuche como parece que está llegando en USA.

  10. Nada que objetar a los prudentes comentarios ni a la columna. A la medida, pues que probablemente resulte inaplicable y no es bueno tratar de imponer lo inaplicable. Hay actualmente excesos poco razpnabels, es verdad. Alguien debería procurar devolver las aguas a un cauce de prudencia.

  11. Pero que puede tener nadie contra el sobeo de los jóvenes. Se les ve a ustedes el plumer tanto como a los yanquis.

  12. Singular tema, mucha guasa, comentarios sabrosos. Hoy puede ser un gran día. Por el jefe no ha de quedar.

  13. Personalmente confieso que trato de conciliar mi lógica envidia con mi comprensión. Nunca la ha parecido correcto a los adultos el trato de los jóvenes. Siempre los han mantenido en libertad vigilada (sic). Estos son otros tiempos y lo lógico es que cambien las cosas. Como han cambiado seguramente de modo irreversible.

  14. ¿No ha pensado nadie que los ies son el “lugar de trabajo” de personas de 14-16-18 años?. ¿Consentiría el dueño de un taller de tapicería que en el descanso del bocata, media horita, dos de sus empleados dedicaran 19 minutos al sobeteo, al famoso ‘petting’, sentados en el corro de los que apuran la viena con chopped and birra? ¿Se imaginan al jefe de sección del cortinglé con una manita amasando el culo de la cajera mientras con la otra le firma una devolución?

    Mirusté: en el parque -con un poquito de privacidad, por favor, no junto a los artilugios de los más pequeños-, en el botellódromo, en el parking, contra un muro, pero a según qué horitas y sin olvidar la mijita de discreción, que disfruten y se lo monten a su aire. Pero un poquito de por favor no vendría mal.

    Mi generación se crió en la más dura represión, vale. Para eso estaban las últimas filas de los cines y las arboledas espesas, luego el seiscientos. Pero ¿se ha perdido por completo el concepto de intimidad? Ustedes mismos.

  15. Cierre y no ceje, mi don Pero, que esos gigantes no son molinos, ni esos empecatados tan pacatos como para no advertir el grandísimo escándalo que con sus felonías causan entre la inocencia. No mienten quienes acusan a la edad provecta de acechar con la vista turbada por la envidia, mas esas razones que da vuesa merced cargadas van de razón y sana pedagogía. Porque se empieza, mi señor don Pero, saltándose la barda y se acaba por instalarse en lo más secreto del alcázar, como dueños y señores que no son de la ajena honestidad.

  16. Pues a mí me da alegría ver a esa gente en plena edad furiosa, devorándose mutuamente. ¿No se cambiarían por ella la mayoría de sus críticos? Creo que lo que hay en el mundo es sobra de mirones y gastadores de viagra que no soportan el espectáculo de la felicidad.

  17. ¿Felicidad, dice usted, señora? No esté tan segura, como no podemos estarlo de que esta medida razonable dentro de su ámbito –la escuela, el instituto– no diera sus buenos resultados. Hay que tratar a los jóvenes con libertad pero eso no debe impedirnos educarles en el respeto a los demás y a sí mismos.

  18. Déjenlos, señores, que ya la vida les cobra el fruto con usura, no hagan caso a los integristas yanquis, entre los que no es nueva la represión sexual no ninguna otra, a pesar de sus grandes libertades. Los chicos hacen lo que nosotros hubiéramos hecho de habérsenos permitido, no les quepa duda, con todas las excepciones que sean del caso.

  19. “…tan hermosa mujer parecía, con tan suelta lengua, con voz tan suave, que no menos les admiró su discreción que su hermosura. Y tornándole a hacer nuevos ofrecimientos y nuevos ruegos para que lo prometido cumpliese, ella, sin hacerse más de rogar, calzándose con toda honestidad y recogiendo sus cabellos, se acomodó en el asiento de una piedra, y, puestos los tres alrededor della, haciéndose fuerza por detener algunas lágrimas que a los ojos se le venían, con voz reposada y clara comenzó la historia de su vida desta manera:…”

    Sería mesmo vano intento y frustrada ilusión que aqueste rústico perogrullo procurase mejorar las insignes palabras con que el ilustre Manco describe en esta azarosa y comprometida historia, cómo la virtud y honestidad de una bellísima doncella se ocultaba bajo el tosco ropaje de un gañán que trasvestídose había. Pero pueden completarlo en el capítulo XXVIII de la más alta ocasión de nuestra literatura que contemplaron los siglos, las aventuras y desventuras de aquel famoso Hidalgo nacido en la Mancha, pero de cuyo lugar la memoria me enflaquece e incapaz soy de recordar.

  20. Buenas tardes a todos.

    Vamos por partes. Como muy a menudo, para mi gusto, van de un exceso a otro.

    En nuestra juventud besarse, tocarse o sobarse era imposible en el cole, lo que no impedía que cada cual se buscara la forma de hacerlo cuando de veras le apetecía fuera de el. Quien más quien menos la encontraba, a no ser completamente lelo. Yo recuerdo perfectamente que, el estar la cosa prohibida le añadía algo de picante al asunto.
    Hoy en día ya no está prohibido, pero no se me occurriria dejarme sobar en público, o entonces con disimulo, y según cómo y dónde. Pero desde luego NO en mi lugar de trabajo.
    Estoy de acuerdo con Perugrullo: en el colegio los chicos están para estudiar. Ver besarse a unos chavales no me parece bien. Naturalmente que da envidia. Pero imagínense ustedes si dos profesores se ponene a hacer lo mismo. O el día en que se besen dos tías o dos tíos ante toda la parroquia.
    El colegio es el reflejo de la sociedad, vale, pero los adultos tenemos la obligación de protejerle un poco y evitar que todos los males de la sociedad se vean en él. Personalmente, cuando sorprendo a una pareja besándose en un lugar apartado me hago la distraída, pero si veo que me han visto les llamo la atención y les explico porqué no tienen que hacerlo, les digo que fuera del cole pueden hacer lo que les plazca, que yo no me meto, pero que ahí no, y que no les vuelva a pillar porque sino primero aviso a los padres y luego los castigo. Y en el patio, delante de todos , no lo accepto.
    Creo que el colegio tendría que ser un santuario , en donde los críos vienen para estudiar,donde nadie avasalla a nadie, donde cada adulto se esfuerza por acojer a todos los jóvenes y darles la posibilidad de estudiar tranquilos. Eso es el objetivo de la escuela. Cuando se entra en una escuela, a veces hay que dejar a la puerta sufrimientos, preocupaciones y poner la mente en el dar, transmitir algo o recibir, asimilar. Para algunos jóvenes el colegio es una tabla de salvación a la cual se agarran. Busquemos la manera que esta transmisión se haga en condiciones sosegadas.
    Lo mismo digo cuando las chicas me vienen llorando por mal de amores. No juzgo si la cosa es seria o no pero les digo que, por mucho que sufran, tiene que dejar su pena a la puerta del cole, porque así sufren menos y además están ahí para estudiar, no para llorar.

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