Desde que llegó al solio el papa Francisco anda dividida y no poco revuelta la grey. Unas amigas a las que estimo y cuyo compromiso conozco se exaltan con el argumento de que las críticas y acciones del pontífice son más que nada amplificaciones mediáticas, ciertas en el fondo, sí, pero “sacadas de contexto por los periodistas”, al tiempo que oigo rumores sobre cierta apuesta que circula por la Red en torno a un hipotético magnicidio para acabar con sus reformas, y al que Francisco contesta en unas vigorosas y serenas declaraciones con un rotundo y evangélico “No tengo miedo”, aunque admita la posibilidad de recibir “una trompada”. ¿Contexto dicen? El papa ha desafiado en poco tiempo a la amenaza oculta pero también a los eclesiásticos y a la conciencia de los propios fieles a los que ahora previene contra “la feroz idolatría del dinero”, pero ha tenido tiempo, además, para predicar el respeto a los “diferentes” y recomendar a su Iglesia alejarse de sus tópicos emperres –el sexo, el divorcio o el aborto–, para cesar a la cúpula del Banco Ambrosiano e imponerle un veedor de su confianza e, incluso, para relevar al cardenal Bertone y para algo tan espectacular como encargar una auditoria ¡externa! de las finanzas vaticanas, además de  proclamar que ningún consagrado puede dormir tranquilo mientras haya en el mundo un solo niño con hambre o sin techo. Es verdad –advierte Francisco—que el escándalo se magnifica porque “hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece”, pero también que a ello contribuye la lejanía de la propia Iglesia, su olvido de la “projimidad”. El papa ve las culpas repartidas y acusa al Sistema mundial de imponer un modelo sin sentido ético, un “economicismo autosuficiente”

ensimismado en su ombligo dorado. ¡Conque sacado de contexto, eh! Para mí que el gran y último escándalo es precisamente esta resistencia pasiva de ciertos sectores fieles ante un papa –¿quizá como en el caso de Juan Pablo I?—dispuesto a revolucionar el redil empezando por los rabadanes.

 

Un ignaciano que se bautice a sí mismo como Francisco raramente podría haber sido aceptado por todo el espectro ideológico, tan diverso, de una comunidad mundial no poco aborregada y regida con mano de hierro por una oligarquía con derecho de cooptación. No es raro que augures y arúspices vigilen el vuelo de los pájaros o escudriñen las entrañas buscando el puñal de Bruto. El papa no tiene miedo ni siquiera a sabiendas de que el Evangelio es de papel.

7 Comentarios

  1. Hermosa columna dedicada a un Hombre que sabe lo que busca y va desbrozando caminos para llegar a ello.

    Mi voz es la más inculta y la menos capacitada para valorar el significado de cuanto dice y sobre todo hace, este Pontífice. Pero desde mi posición de escaso, muy escaso creyente, aunque bastante fiel practicante, es esta nueva, sí nueva forma de encarar la huella del Galileo.

    Hay un reto al que no sé si será capaz de enfrentarse: en los sures sobre todo se vive un catolicismo de pacotilla, que hace procesiones, festividades consumistas, romerías y fiestas paganas invocando un vago motivo religioso, llámense Rocío, Navidad o Semana Santa. Me gustaría ver cómo roe ese hueso este viejo Papa de dentadura poderosa.

  2. También me gustaría comentar algo al Mañara que terminaba su comenta ayer con la expresión hembra, que no es precisamente la más delicada para la mujer.

    Hay frutos que caerán por su madurez y peso, quiéralo o no el huertano. Este verano he asistido varias veces a la proclamación de la Palabra y a la comunión, todo ello impartido por mujeres. (¿Ve, mi don Mañara, como si escribo hembras no suena igual?) La enfermedad del párroco y la escasez de curas hacía que solo cada dos o tres domingos, oficiara la misa un sacerdote. Consagraba ‘longa manu’ hasta su vuelta.

    Todos y todas –con lo que me fastidia la puñetera repetición– se esforzaron en aclararnos el primer día que la asistencia a esas medias misas tenían fuerza suficiente para considerar que se cumplía con el precepto dominical..

  3. Hay que leer esa encíclica de ayer que abre muchas puertas. Es curioso que, en todo caso, no abra la ordenación de la mujer aunque busque una presencia “incisiva” de ella en la vida eclesial. Todo esto está fastidiando mucho a los “tradicionalistas” pero, miren, que se aguanten. No dudamos muchos de que este Papa que da homilías empedradas de lunfardo tenga por delante una gran misión.

  4. El columnista ha entendido desde el principio –lleva ya varias columnas dedicadas al tema– lo que representa para la Iglesias y para la sociedad en su conjunto un papa con estas disposiciones. También yo creo en esa venturosa oportunidad que seguro que no contenta a todos…

  5. Habrá entusiasmo, pero también antipapismo en torno a Francisco. Ocurrirá como en tiempos de Juan XXIII donde no todo el mundo estaba tan contento como se dice hoy. Y no permita Dios que ocurra lo mismo a este papa

  6. Habrá entusiasmo, pero también antipapismo en torno a Francisco. Ocurrirá como en tiempos de Juan XXIII donde no todo el mundo estaba tan contento como se dice hoy. Y no permita Dios que ocurra lo mismo a este papa que a Juan Pablo I. Desde el comienzo de la Iglesia –lean a san Pablo– están ahí los que se apropian de la profecía para su uso particular, los falsos profetas. Están también los tontos, pero esos pobres no tienen culpa alguna.

  7. Vemos, como agnósticos, que el nuevo Papa podría resultar insólito. Comprobamos con amigos, digamos integristas, que hay no poco recelo y hasta oposición entre grupos católicos de elite. Pensemos que no es joven y esa es la esperanza que pueden albergar todavía algunos. Otros, muchos, aguardan con impaciencia.

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