Estos días (del 12 al 14 de enero) se conmemora (¿) el noventa aniversario del nacimiento del andalucismo, es decir, de la famosa Asamblea de Ronda de 1918 y de la que tanta gente vive sin saber siquiera de qué habla. Por supuesto, el profesor Lacomba y los inasequibles al desaliento (con significativas ausencias, además), han tremolado la bandera y clamado sin gran eco, pero ni siquiera los que aprovecharon el paso del Pisuerga por Valladolid que fue el sincero aunque desafortunado comentario de Vidal-Quadras sobre Blas Infante, para hacer presa en el PP, se hayan acordado ahora de la efemérides. ¿Saben lo que ocurre? Miren, yo no soy Vidal-Quadras pero les digo sin encogerme que en la autonomía andaluza no cree ni ha creído nunca esta Junta que ha hecho de ella un “régimen”, como no creen ni de lejos en la paternidad de Infante ni en sus símbolos. El andalucismo le ha dado de comer a muchos. La diferencia con otros nacionalismos es que aquellos comensales, al menos, se creen el mito que nos cuentan.

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