Dicen que el domingo 9 puede haber varios actos, cuatro quizá, para conmemorar el asesinato de Blas Infante, el “Padre de la Patria” según el Estatuto. Muchos actos son esos para ser verdaderamente sentidos. La verdad es que esa figura –que nunca fue asumida oficialmente sino por razones oportunistas—va perdiendo fuste año tras año, que los Presidentes se ausentan o delegan en sus homenajes, que esa “paternidad” queda desmentida por la propia diversidad de criterios, por la incapacidad manifiesta de coincidir en ella demostrada por los partidos y fuerzas políticas. Reducido a una figura retórica, pocos creen en ella y menos aún la conocen. Blas Infante, en su desdicha y en su destino, no deja de ser un símbolo idóneo de esta autonomía de recuelo.

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