Chaves no acaba de aceptar que, como el adagio cervantino advierte, mejor es no menear ciertas cosas. La de su decisión de modificar la ley para poder subvencionar a la empresa apoderada por su hija, la de autorizar con su firma esa ayuda, contra lo que prohíbe la ley, por ejemplo. Insiste en el sofisma de que la empresa beneficiada –una multinacional como tantas—tiene el mismo derecho que otras muchas a recibir ayuda pública, como si el personal se chupara el dedo o fuera a dejar de ver la rotunda luna distraída por el suyo. Hay cosas que no tienen vuelta de hoja, Y este pelotazo de Chaves es una de ellas.

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