El “Gobierno del cambio” parece haber adoptado, bonachonamente, el viejo lema barroco que reza “corregillo y no enmendallo”. Ello explicaría algunas maniobras tan extrañas como su manga ancha con la millonaria deuda pendiente de los “agentes sociales”, o el tacto delicado con el que, a pesar de tantos compromisos, maneja los enredos funcionariales heredados del “antiguo régimen”. Ahí tienen al juez Vilaplana –ese debelador inflexible—encomendando a la Guardia Civil que averigüe si son ciertas las protestas de trabajadores públicos que sostienen que, incluso contra la censura de los jueces, los contratados de la Faffe son mantenidos en activo antepuestos a los funcionarios, providencia a la que se ha opuesto la propia letrada de la Junta por considerarla una “investigación prospectiva”. ¿A que pueden deberse esos temblores de la mano gobernante? Ése es, de momento, un gran misterio pero puede que algún día sea un problema.

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