El “gobierno del cambio” parece empeñado en defraudar no pocas esperanzas en él depositadas. En efecto, lo mismo se allana incomprensiblemente como acusación frente a los mangazos públicos, que repite el gesto irresponsable del “régimen” anterior disponiendo el aprobado de alumnos con dos suspensos, que, arrebatando la decisión natural a los docentes, blindará en los despachos. ¡Lo que sea por mejorar las apariencias y mejorar la cosecha electoral! Está claro que una cosa es predicar desde la oposición y otra muy diferente dar trigo desde la responsabilidad comprometida del poder. Demasiados traspiés en tan poco tiempo, en todo caso, y demasiadas decepciones. El tan esperado “cambio” parece desvanecerse tras cada fracaso de un Gobierno que exhibe sin complejos su absoluta carencia de modelo político propio.

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