Los balances cifran en cientos los niños asesinados entre los muchos miles de caídos en la guerra civil que Siria mantiene con el respaldo de Rusia y China y ante la inhibición del llamado “mundo libre”. En Youtube se ha podido ver una exposición de esas criaturas inermes y está confirmado que los ataques aéreos del Régimen han elegido deliberadamente como objetivos a colegios y espacios de esparcimiento infantil, con independencia de que consta la prisión, tortura y violación de otros tantos cientos de niños. Los ataques a ciudades como Alepo o Hula no han ahorrado siquiera el bombardeo de un patio de recreo cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo en el telediario. No se trata ya de niños beligerantes –como los criminalmente utilizados en varias guerras africanas o en las “entifadas” que organiza el terrorismo árabe– sino de víctimas por completo ajenas a esta cruenta guerra en la que los países civilizados se tientan la ropa antes de entrar en ella, según muchos observadores, por miedo a que un vuelco de ese Régimen dé paso a otro de naturaleza islamista. El caso es que, con toda probabilidad, y exceptuada la delirante “Cruzada de los niños” del siglo XIII, no ha habido un momento en la Historia comparable con el actual zarpazo de la guerra sobre los menores, a pesar de que, a diferencia de tiempos pasados, semejante crimen de lesa humanidad le sea mostrado a diario a todo el mundo por los más diversos “medios”. Asad deberá responder en su día de esta tragedia ante el Tribunal Penal Internacional, pero ello no justifica esa pasividad de los países occidentales que contrasta con el entusiasmo con que han organizado varias guerras en tan pocos años desde Vietnam y Camboya hasta Afganistán o Irak. De manera paradójica, la santa infancia vive una de sus etapas más duras justo cuando las ínfulas justicieras apuntan más alto y tantos organismos internacionales dicen velar por ella.

Nunca creí la afirmación de Péguy de que el mundo acabaría siendo juzgado por los niños. Eso es literatura ingenua como literatura funeral es la exhibición de los infantiles cuerpos martirizados que, con creciente frecuencia, nos acecha en los informativos, demostrando que el ojo y la conciencia acaban asumiendo la barbarie a poco que el mensaje se repita ante ellos. En Irak todos son culpables y no sólo el gran verdugo. Ante el TIP deberían comparecer, en su momento, tanto él como sus consentidores.

3 Comentarios

  1. En todas las guerras acaban participando menores, pero lo de ahora es inaudito. Añadan a esta columna que allí mismo,en Siria, también hay ya “niños soldados”.

  2. Los adultos y la miseria refuerzan el instinto agresivo de los menores. ESta es una de las canalladas mayores del momento, quneue el hecho de que los bombradenn, encarcelen torturen o violen no es menor que el de convertirlos en soldados terribles.

  3. Esto es tan medieval como la Cruzada de los ios, que tiene mucho de leyenda, como seguro que bien sabe don jagm.

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