La extensa obra del profesor Moreno Alonso sobre la crisis inicial del siglo XIX lo ha convertido en el referente más cualificado de aquella época, una época brillante y confusa, sin duda, en la que figuras colosales como los Jovellanos o los Saavedra ilustran al tiempo que eclipsan uno de los elencos más solventes de la historia política española. Pero si traigo ahora el tema a colación no es por reiterar esos prestigios indiscutibles sino porque en el artículo que antier publicaba en estas páginas a propósito de la rebaja de sueldos a los funcionarios que llevó a cabo la Junta Central en medio de una circunstancia extrema como la provocada por la guerra contra Napoleón, el profesor recogía un párrafo de Jovellanos contra la corrupción, cuya asombrosa actualidad merece ser subrayada. Era el siguiente, que no me resisto a transcribir literalmente: “Cuando me puse a reflexionar de qué manera pudieron los centrales haber convertido en provecho suyo los caudales públicos, hallé que sólo sería posible por uno de tres medios: primero, alterando el sistema económico de la Real Hacienda y sustituyéndole otro que pudiera dar lugar a manejos y usurpaciones; segundo, acordando algunas sumas, bajo el nombre de gastos secretos, o para objetos de inversión supuesta, para embolsárselas después; tercero, aprovechándose de alguna sumas decretadas para objetos de verdadera y legítima inversión y cubriendo después el fraude con cuentas supuestas y figuradas”. ¿Cabe mayor actualidad de los supuestos, no nos remite el primero a ciertas maniobras normativas previas al “caso Matsa”, no nos suena eso de “gastos secretos” a recién oído en boca de un alto cargo de la Junta para explicar el saqueo de los EREs, acaso no parece que en el tercer supuesto está hablando de los numerosos escándalos de facturas falsas o de ingeniería financiera que llevamos descubiertos? Los partidarios de la teoría de que el agio y la corrupción en general constituyen un mal estructural de la política encontrarán en estas “moralia” de nuestro principal “ilustrado” un argumento fenomenal.

El centenario de la muerte de Joaquín Costa va ser ocasión próximamente para que un grupo selecto de expertos planteen la cuestión de si el fenómeno caciquil y los sistemas clientelares que subyacen bajo toda corrupción, son propios de un momento histórico ya pasado o bien constituyen una categoría sociológica “que se refiere a un fenómeno atemporal”, dilema resuelto en la experiencia, como acabamos de ver. La partitocracia es fatalmente clientelar y el clientelismo implica la sombra del cacique. No hay día en que esa repulsiva lógica no se vea confirmada en el albañal de nuestra vida pública.

8 Comentarios

  1. Memorable párrafo, auténtica profecía. Deja claro que la delincuencia atrabiesa la Historia como el hilo las cuentas del collar. Un gran acierto resaltarlo por parte del profesor en cuestión y por parte del columnista.

  2. Siempre está bien volver a los clásicos, don ja. El párrafo en cuestión me ha impresionado por su virtualidad, parece redactado antesdeayer mismo por un observador de nuestra política que conocieara a fondo los trucos actuales. Es más, si lo veo sin firma ni referencia hubiera creído que era un invento.

  3. Lo curioso es pararse a comparar veste tipo de personajes históricos con la mediocridad actual. ¿Cabe imaginar un Jovellanos hoy en este país de políticos reclutados en los pasillos del partido, muchos de los cuales alcanzan los puestos más elevados sin estudios siquiera? Estoy conforme con la intemporalidad de la corrupción, siempre que se admita que su intensidad, grado de generalización y descaro varía de unas épocas a otras. En la crisis de la Independencia los jefes se aprovecharon mucho, peor hubo entre ellos ejemplos de probidad absoluta e inteligencia excepcional. Hoy todo aquello no es pensable. Estamos en otra Edad de Hierro. O de Piedra…

  4. Sería mucho mejor que la columna pudiera leerse sin perder texto por el margen. A pesar de todo, hay que mostrar acuerdo con el autor.

  5. Formidable la actualidad después de 200 años. Este país no cambia ni aunque lo electrocuten, y me temo que nos queda mucho que ver der aquí a las elecciones (òrque parece que se ha abierto la veda y la gente ha perdido el miedo a “largar”) en este sentido. Lo que más apena es eso que ha comentado nuestro doctor Pangloss sobre las capacidades intelectuales y morales de aquellos y estos políticos. ¿Qué le vamos a hacer? Pues permítanme que les diga que algunos creemos que podríamos hacer mucho. ¿Lo haremos?

  6. Estando de acuerdo con la crítica moral a la corrupción, me resisto a que se airee la española más que ninguna, como si los italianos, los frenceses, los belgas o los diputados británicos, por no hablar de los japoneses y de los chinos, no hubieran roto un plato. Sé que esto nos coge más a mano y que por ello su interés es mayor, sin embargo parece como si hubiera una cierta fruición al hablar de estos casos españoles, y últimamente de los valencianos y andaluces. Por otra parte habría que oír también a los acusados, porque muchas veces leo informaciones y críticas que al día siguiente ya no son las mismas. Le agradecería que permita insertar este comentario.
    Ender G. P.

  7. De acuerdo en todo con don Zeta. No hay día en que no vea con desagrado estas líneas truncadas. ¿Es que no pueden subsanar este problema? Es el único sitio en donde lo noto.
    Besos a todos.

  8. Don Ender tiene razón en resaltar que es un problema universal además de atemporúneo. Lo que pasa es que parece ser que a veces se generaliza, es decir es cosa común, corriente y moliente, normalita, algo así como la propina, o la mordida, pero a lo grande, porque que uno roba yo puedo hacerlo mejor. En Francia tuvimos momentos buenos y para terminar se auto amnistiaron…..Así cualquiera….

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