La imagen de John Kerry, jefe de la diplomacia americana, medio abrazado a Sergueï Lavrov, su homólogo ruso, puede que algún día acabe ilustrando la historia escolar como símbolo del fin de una obsesión y umbral de una era nueva. No sólo los EEUU, desde luego, sino Occidente en peso ha arrastrado desde el fin de la Guerra Mundial una aparatosa propaganda antirrusa por la que, como sombras de un Molotov eternizado en el poder exterior, pululaban personajes siniestros que, en el doblaje de nuestras películas, hablaban (y siguen hablando) con un inconfundible tono enemigo. Y ahora, de pronto, forzados unos y otros por la crisis siria, aparece esa foto cómplice que trasluce en la doble y amistosa sonrisa un cambio drástico que parece introducirnos de hoz y coz en un nuevo tiempo político tan deseable tal vez como difícil de creer. Ya ven de qué manera súbita puede eliminarse del imaginario colectivo una estructura que ha servido durante más de medio siglo para satisfacer la demanda maniquea y justificar, ya de paso, los propios abusos, imperialismo contra imperialismo, basados ambos en mitos paralelos. Rudolph Bähro nos decía en los primeros años 70 que la visión satanizada de Rusia –de tan hondas raíces históricas, por otra parte—se reflejaba invertida pero idéntica en el espejo de la Guerra Fría que sostenía el planeta en un equilibrio inestable en el que los pueblos se sentían paradójicamente seguros teniendo al enemigo identificado y a la vista. No hay que olvidar que si Patton reclamó permiso para seguir con sus tanques hacia Moscú una vez liquidado el nazismo, Zúkov soñó con seguir hacia Occidente con los suyos una vez arrasado Berlín. Mirada desde nuestra perspectiva de hoy, la Guerra Fría funcionó como una insuperable garantía de no agresión. Un mundo bipolar necesitaba escenificar el conflicto para evitar el choque real. Y esta foto que hoy tenemos delante parece ponerle el punto final a la gran tragicomedia.

El viejo mundo demediado no funciona ya frente a éste en el que se agiganta China y empujan los países emergentes desde India a México o de Corea a Brasil, y debe rehacer su planisferio ideológico licenciando a “James Bond” mientras se redefine el mapa de las hegemonías. Las efusiones de Lavrov, el nuevo ruso, el ruso bueno, tratan de liquidar una estrategia agotada y salvar el pellejo común, hoy por ti mañana por mí. Sin proponérselo siquiera, puede que el-Asad le haya abierto al mundo la puerta de otro futuro.

1 Comentario

  1. Veo un desequilibrio en esa balanza en la Guerra Fría que parece establecer don JA. Los ciudadanos de USA gozaban la comodidad de un país rico que gastaba un cuantioso presupuesto en sus silos de armamento, mientras en la URSS los súbditos sufrían hambre y penalidades. Creo que en la matemática de conjuntos se les llamaría “incongruentes”.

    La URSS volvió a ser Rusia hace ya más de veinte años y USA continúa rellenando sus silos de armas y consumiendolos como ya sabemos.

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