Es fácil comprender que el presidente Griñán haga el ridículo descalificando la figura de la comisión parlamentaria de investigación como un artefacto que “sólo sirve para difamar con inmunidad”. Él no puede hacer otra cosa, eso es evidente, atrapado en ese diabólico laberinto de las prejubilaciones falsas y el saqueo de los fondos correspondientes, en el que no tiene más remedio que estar contaminado por activa o por pasiva. Pero cegar esa vía parlamentaria es un abuso antidemocrático elemental y supone, además, un desprecio de primera categoría al propio Parlamento. Griñán no sabe cómo escapar en esta encrucijada. Desgraciadamente, no se le puede pedir más por más que su actitud suponga todo un fracaso del sistema de libertades.

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