Demasiado conocemos la vieja consigna del fanático: “Al enemigo, ni agua”. Escandaliza el descaro del radicalismo de esta Izquierda desnaturalizada al negar a los centros de enseñanza “concertados”, es decir, a las familias de media España, la ayuda económica prevista para paliar los efectos de la pandemia, una discriminación tan insolente como autocrática que demuestra hasta qué punto la centenaria socialdemocracia –“degenerando, degenerando…”, como diría don Juan Belmonte– está hoy en manos del “leninismo amable” que prometían los extremistas al llegar. ¡Ni a la salud tienen derecho los hijos de quienes democráticamente votan fuera de tiesto! ¡Los cristianos, a los leones!, faltaría más. Está claro que lo de “amable” no era más que un cínico señuelo del leninismo más genuino.

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