No sabemos qué contenía el “New Flame”, el barco chatarrero hundido frente a Algeciras, porque nadie ha querido revelarlo, pero, precisamente por eso, cualquiera puede imaginar que no debía tratarse de agua de rosas. La decisión de enterrar esa inquietante basura en el depósito de Nerva da la razón a la inquietud mostrada durante tanto tiempo por vecinos y ecologistas, nunca convencidos por las promesas de inocuidad que se hicieron en su día. Menos mal que nos pilla con una consejera del ramo onubense que, en este gobiernillo de cuotas, bien podrá compensar su falta absoluta de experiencia con una razonable defensa de los intereses provinciales que evite convertir a Huelva en el cementerio industrial de medio continente. Hay que desearle suerte a esa dama en esta su primera prueba de fuego.

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