La leyenda es tan vieja como la crítica del caciquismo. Competían en Guadalajara por un escaño el conde de Romanones y don Antonio Maura. Tan dura eran las perspectivas, que el primero decidió ofrecer a aquel electorado, básicamente rural,  dos pesetas por voto, maniobra tan descarada como habitual a todo lo largo de la Restauración y de la Regencia, lo que obligó a su contrincante a apretarse en la puja y ofrecer tres. Maura no contaba quizá –caso de ser cierta esta especie—con la astucia del conde quien, con una estrategia de lo más elemental, ofreció a los votantes ya comprados un duro contante y sonante a cambio de las tres pesetas mauristas, brillante trile con el que logró la victoria electoral sin necesidad de  mejorar su inversión.

Así funcionaba el sistema caciquil contra el que se había desgañitará Costa, y así acabaría yéndole a aquella democracia espuria cuyos mecanismos electorales contribuyeron eficazmente a lo que se ha calificado (María Antonia Peña) de autentica “deconstrucción  de la representación política”. Los “burgos podridos” de que hablara Azaña funcionaban sobre esa dinámica corrupción que vendía o compraba el poder al socaire del rito electoral, como si la aritmética del voto garantizara sin más la legitimidad democrática, es decir, la suprema razón legitimadora del poder en libertad.

Desde entonces acá se ha hablado, y mucho, del precio del voto pero quizá nunca con tanto escándalo como el despertado por la ocurrencia de Sánchez de ofrecer ¡cuatrocientos euros! a los néofitos que el próximo año de elecciones alcancen la mayoría de edad y con ella reciban el derecho a participar en la cuchipanda del sufragio. Romanones se habrá revuelto en su tumba alcarreña ante ese precio de saldo.

Una sociología política atenta habrá de concluir, seguramente, que frente al artesanal que practicaron nuestros bisabuelos, el caciquismo de hoy, tan descarado pero infinitamente más eficaz que el de antaño, responde a ese estilo sofisticado que ha hecho del patio de Monipodio un corralillo gañán. Hoy el voto no se compra ya de tapadillo en la venta ni se apaña en la cortijada, sino que surge insolente en el BOE y es el propio Presidente del Gobierno el que pregona su puja en el telediario sin  que se le caiga de la cara la vergüenza que no tiene quien, como Romanones, compra con descaro el voto con el dinero ajeno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.