La Junta ha vuelto a largar pasta a los sindicatos y empresarios para que organicen esos cursos de los que apenas se sabe nada y que cuestan tanto como los de la Universidad. Muchos millones que han convertido a esos “agentes” en auténticos potentados por más que su papel sea el de meros intermediarios dedicados a repartir el botín entre empresas más o menos afines. Sería estupendo conocer de cerca y con detalle ese entramado, el intríngulis de su “quién es quién” y, sobre todo, los resultados de tanta pedagogía probablemente inútil. Aquí se ha incluido en ellos una visita al zoo o una sesión de videoclub, calculen. Pero la Junta paga el silencio cómplice y eso vale su peso en oro.

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