La ministra alemana de Justicia, Brigitte Zypries, pretende aprovechar la presidencia rotativa de la UE para establecer unos principios básicos en torno al negacionismo de ultra derecha y, en definitiva, conseguir que, de una vez por todas, el conjunto europeo y no solo un puñado de naciones aisladas prohíba penalmente las propagandas neonazis y, especialmente, la negación de la realidad del Holocausto. Coincide con este razonable propósito la renovada declaración negacionista del presidente de Irán, el antiguo terrorista Mahmud Ahmadineyad, que en declaraciones exclusivas a este periódico confirmaba ayer mismo su teoría de que aquel genocidio no existió más que en la publicidad sionista y hasta tiene el cinismo de reclamar libertad de investigación de lo ocurrido en busca de pruebas fehacientes, en contra de la evidencia, se entiende. Tal vez la estrategia de negar la gran culpa no es sino un caso particular de esta singular locura que lo mismo sostiene que las pirámides no pudieron ser obra humana sino trabajo alienígna, que Hitler no murió en los sótanos de su cancillería sino que vegetó durante decenios en Argentina, que el gran misterio evangélico sería la hierogamia entre Jesús de Nazaret y María de Magdala o que la película del primer alunizaje fue, en realidad, un montaje propagandístico con cargo al presupuesto de Guerra Fría. Por opinar que no quede, y el auge de programas friquis de índole pseudo o paracientífica no parece tener límites. ¿Por qué penar la negación del Holocausto si se consiente la intoxicación sistemática de la opinión con las hipótesis más banales? La ministra alemana no se mete en ese cuestionario sino que se limita a agravar las penas aplicables a los recalcitrantes de aquella tragedia humana y a tratar de extender este modelo sancionador a todo el territorio comunitario. La Verdad, que casi nunca ha sido un objetivo político, se ha convertido ahora en un simple instrumento publicitario por completo ajeno al imperativo ético. Aunque bien pensado, caigo en la cuenta de que si he dicho ‘ahora’ ha sido por decir algo.
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Frente a Francia, Alemania, Austria y España que castigan la negación de la tragedia judía, los Países Bajos y los escandinavos, Gran Bretaña e Italia han venido sosteniendo durante estos años que una prohibición semejante resulta incompatible con la libertad de expresión, excusa muy acorde con ese principio absurdo de la “corrección política” que predica el respeto a todas las opiniones, como si negar la ley de la gravedad fuera un derecho del mismo orden que discutir los arcanos de la Pitia. El caso es que la UE podría en breve cerrar ese círculo de hierro alrededor de actitudes que se oponen al imprescindible surgimiento de una conciencia europea comparable a la que el continente experimentó en el XVIII y cuya trascendencia ecuménica puso de relieve magistralmente hace muchos años Paul Harzard. Con el apoyo de una Italia que se aleja del modelo berlusconiano, pronto pudiera ser una realidad que en los 27 países de la Unión negar la evidencia del Holocausto podría costarle al extremista tres años de cárcel, y no olvidemos que entre los negadores de esa evidencia, aparte de fanáticos como el que preside la vieja Persia, hay personajes como Roger Garaudy que han simbolizado durante decenios el más limpio progresismo europeo. Quizá no estaría de más extender la cruzada –aliviadas las penas, como es natural– al vasto ámbito del debate público en el que se comercia al por mayor y al detall con el irresistible poder de atracción que siempre ejerció la paradoja sobre los espíritus simples y no tan simples. Porque si no se le pueden poner puertas al campo de la imaginación, también es verdad que la neutralidad consciente ante el fraude constituye una grave responsabilidad de los poderes públicos. Alguien le dejó caer alguna vez a Guizot que un país de enterados sería una república ingobernable. Guizot le contestó que prefería ese riesgo a la “bendición” que supondría una república de tontos.

6 Comentarios

  1. Cada uno barre pa su casa. La señora Zypriana está al mando de la cosa y se baña en el Pisuerga, ahora que está fresquito, puesto que está de visita en Valladolíss. Igual que Bean/Zetapé con su memoria histórica. Se le tronza un lóbulo a quien haga falta -en el caso de la germana todo lo contrario,se le unta de Fósforo Ferrero- y la historia se entablilla y escayola para los restos.

    No me parece mal que levante monumento de hormigón indestructible en memoria del Holocausto, pero al mismo tiempo habría que pedirle, ¿o no?, un monolito indestructible donde grabar a buril el nombre de tantos y tantos entusiastas, o al menos consentidores conscientes y eficaces, que una vez pasado Nüremberg siguieron medrando en la misma patria a la que habían agraviado con los crímenes de su bajeza.

    Dicho de otro modo, a partir de los treinta, de los cuarenta, cada cual y cada cuala tiene su muerto o lo que sea en su almario/armario y no vale hacerse de puro e inmaculado. La Historia -ahora sí le pongo la mayúscula- tendrá que seguir representando su papel de vieja puta siempre dispuesta a las órdenes del último que manda.

    En cuanto a la creación y difusión de mensajes friquis y/o descabellados sobre esto y aquello, quién le pone puertas a este campo cibernético, hollado cada mañana, cada tarde, cada noche y cada madrugada por millones de piraos, entre los que sin remedio tengo que incluirme. C’est la vie.

  2. 13:12
    “alguna vez a Guizot que un país de enterados sería una república ingobernable. Guizot le contestó que prefería ese riesgo a la “bendición” que supondría una república de tontos.”

    Nuestro Mr. Bean, ya se va recuperando, todavía no ha conseguido la soñada república de tontos pero ya tiene medio reino de tontos.

  3. He vuelto a leer la columna sin conseguir saber qué propone de veras don Jose Antonio, pero me temo que esta vez discrepemos.

    En efecto, como tan bien lo dice la columna, ¿por qué penar el negacionismo? Hay gente que asegura y publica que Juana de Arco no fue quemada en Orleans sino que se casó y tuvo descendiencia, que Jesucristo no fue crucificado sino que hizo lo mismo con María De Magdala, fueron muy felices y tuvieron muchos hijos, y demás aseveraciones más o menos divertidas y curiosas.
    En Francia es lo que pasa: no se puede ser revisionista, de suerte que el tema parece ser tabú, y para los historiadores más parece dogma indiscutible, irrebatible, sobre el cual ya todo fue dicho y sobre el cual no puede haber discusión ..que tema de investigación. Y sin embargo, las cifras que se han adelantado han variado mucho según donde y quien y es evidente que se puede seguir investigando el tema.
    ¿Por qué es posible debatir de la existencia de Dios, de la realidad de la crucificción,del papel del Cardinal CIsneros en la política española, de los criptojudios, enfín de todo, menos de las persecuciones y muerte de los judíos por el Reich?
    Comprendo que si eres descendiente de Acadiano recuerdes la deportación y la muerte de tus antepasados con dolor, con respeto y que todo ello te parezca sagrado, pero no entiendo que, por ley, se sacralice la historia y se prohiba que alguien venga a decir que “le grand dérangement” no existió, o que se lo tenían muy merecido los Cajuns. Lo mismo me pasa con los Armenianos y con los Palestinos.Y con los Judíos alemanes o de Alemania.
    Sé que lo que digo no es politicamente correcto, y menos en Francia, pero es lo que pienso.

  4. Discrepo de doña Marta: no es lo mismo discutir sobre hipótesis que negar hechos, no es equiparable el empeño en casar a Jesús con Magdalena –viajísima historieta sin el menor fundamento serio: Magdalena lo que es, en realidad, es una “discípula”: por eso es a ella a quien se le aparece Él– que tratar de ocultar el horror de lo que ocurrió en los campos nazis o en el gulag soviético.

  5. Mañana iré a escucharle y verle, jefe, no sabe cuánto me alegra este reconocimiento a sus méritos, que son muchos.
    Creo como el señor Cura que doña Sicard desbara hoy un poco, o un mucho. Negar la evidencia de un genocidio con intención exclupatoria , es decir, cómplice, no es lo mismo que discutir sobre el sexo de los ángeles.

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