Nuestros dirigentes políticos han descubierto una revolucionaria contabilidad en la que encajan desde las facturas falsas a las obras no realizadas y desde los ERE fraudulentos hasta las prejubilaciones falsas, pasando por los “trabajadores fantasmas”. Tras estos últimos va olfateando diligente la Policía Nacional en un centro para discapacitados en el que parece que la gerente paga a su mucama metiéndola en la nómina o que hay trabajadores que figuran en ésta para engordar la soldada de los dirigentes, y aún es posible que se acabe descubriendo algún pelotazo de mayor cuantía en la propia constricción de las instalaciones. La vida pública andaluza se ha convertido en una inmensa mesa de trileros con las bendiciones de un “régimen” que supera ya los tres trienios.

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