Está que arde la comunidad científica por el hallazgo, parece que algo más que presunto, de esa partícula que faltaba para hacer coherente el “modelo estándar” que manejan los físicos, el llamado “bosón de Higgs”. Son muchas las probabilidades estadísticas de que el descubrimiento sea correcto en esta ocasión, lo que permitiría a esos sabios, comprender y explicar el papel fundamental de esa “partícula de Dios” que, por lo visto sería la responsable de la existencia de la masa. Ahora queda repetir el ensayo, incluso aplicar la experiencia de la falsación popperiana, pero de hecho ya podemos ronear de haber descubierto uno de los secretos mejor guardados de la Creación. Admirable esa capacidad de los científicos de pronosticar lo desconocido bajo la autoridad de la matemática y el comodín de la lógica, que es lo que hizo Higgs en 1964 al establecer que “necesariamente” tenía que existir una ignota partícula  para que nuestro paradigmático modelo de lo real quedara completo. Los físicos son profetas laicos, veedores del futuro a partir de su propia sindéresis, gente capaz de predecir la existencia y función de lo que todavía no es real pero que, precisamente por esa lógica, tiene que serlo. Pienso en el solitario Mendeléyev cuando, casi un siglo antes, se las arregló para convencernos de que los “elementos” que aún faltaban para que el sudoku de su Tabla Periódica tenían que confirmarse tarde o temprano, como se confirmaron. Admirable, digo, ese don de penetrar el misterio hasta destripar su oculto mondongo –aunque según Goldamnn una cosa sea “explicar” y otra muy distinta “comprender”–, esa facultad de la profecía estrictamente racionalista que hace posible definir realidades atenidos en exclusiva a la potencia del razonamiento.
 
Bien, ya hemos reducido el “Génesis” a una metáfora que no deja de ser tan metafórica como la elegante predicción que Higgs hiciera hace años. Pero la realidad es que ni con este descubrimiento, ni con la luz que él mismo acabe proyectando sobre la “materia oscura” o sobre la misteriosa entidad de los “agujeros negros”, ni siquiera con una tesis global que diera razón del Universo en su conjunto, habríamos resuelto el enigma sobrehumano del origen y del autor de la realidad. Dios debe de sonreír en su lecho celeste ante estas proezas de los hombres. El bosón de Higgs no cierra sino que abre un futuro de incógnitas que no cerraremos jamás.

1 Comentario

  1. Exactamente, el mundo será siempre misterioso, gracias a Dios!
    La verdad es que no he entendido muy bien qué es lo que acaban dde descubrir estos sabios. Un beso a todos

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