Un relevante personaje que ha estado años vinculado a la alta política española comentaba días atrás el peso que sobre nuestra vida pública ha tenido, históricamente y en la actualidad, la relativa falta de preparación de los más altos dirigentes. Eso que la leyenda atribuye a ZP, la ingenua confidencia de su convencimiento de lo fácil que sería para tantos españoles ser presidente del Gobierno, no es más que una anécdota confirmatoria de lo que constituye hace mucho la queja española sobre la escasa formación cultural de una clase política que, incluso en sus más altos niveles, carece de elementos fundamentales. ¿Se puede seriamente presidir un Gobierno –se preguntaba nuestro personaje—sin conocer los idiomas básicos de la política mundial y, en especial, el inglés? Pues a la vista está que sí, aunque, claro está, ello no equivalga a su conveniencia ni desmonte por completo el rejo de la incómoda pregunta. Bien entendido que ese déficit cultural e idiomático no es nuevo y menos exclusivo de la política actual, pues el monolingüismo nos viene de lejos en todos los niveles de la sociedad, lo que muy probablemente explicaría la (por supuesto, razonable) obsesión por el bilingüismo de nuestros gobernantes actuales, ninguno de los cuales, a diferencia de la mayoría de la dirigencia extranjera, se defiende siquiera sin intérprete cuando sale del país o recibe a un colega extranjero. Bueno, lo mismo le ocurría a Napoleón, después de todo, como puede comprobarse en las primeras lecciones que el Emperador recibió y en las que, en su propia letra, podemos leer las consabidas frases elementales propias de todo principiante. La divertida diferencia estriba en que por esos garrapateos autógrafos –“How many were they”, “How do they do” y otros por el estilo—ha habido quien ha pagado en subasta cerca de 100.000 euros, pero sobre todo, en que maldita la falta que a Napoleón le hacía soltarse en inglés.

El aprendizaje del inglés se ha convertido en una justificada obsesión nacional, que sería aún mayor si los obsesos supieran la diferencia que separan, en este sentido, a nuestra sociedad de la mayoría de las europeas, para las que esa lengua se ha convertido en una auténtica koiné o lengua franca, de conocimiento obligado lo mismo para el político o el estudioso que para comerciante o el turista. Con motivo de un acontecimiento deportivo internacional la municipalidad de una capital europea financió recientemente cursillos acelerados para taxistas, camareros y hasta para prostitutas, hay que suponer que atenidos al nivel elemental en el que Napoleón se formulaba aquellas preguntas que hoy valen una fortuna. Los que siguen erre que erre en la lengua única son nuestros hombres públicos la mayoría de los cuales agota su poliglotía es asegurar que su sastre es rico.

11 Comentarios

  1. Algo en el cerebro de la raza debe de impedir la guturalización del inglés. ¿Por qué nos cuesta tanto, Dios mío? Estoy a punto de repetir lo del portugués que se admiraba de los niños franceses…

  2. Me descuelgo con esta anédcota:

    Por estos lares (Sevilla y provincia) hay un grupo heterogéneo de personas ente los que está muy extendida la costumbre de remedar la pronunciación inglesa-americana en relación a la letra “t” seguida de vocal, pronunciándola como una afectada “ts”. Así “fiesta” pasa a ser “fietsa”, “estaba” pasa a ser “ehtsaba”, “siesta” pasa a “sietsa”.

    El grupo, como digo, es bastante heterogéneo y afecta a personas de toda condición
    y extracción social, incluyendo muchos locutores de radio y tv locales. Reparen, para su regocijo, en la manera de hablar de Javier Arenas cuando habla de “consolidar las propuetsas y reducir el gastso”.

    Me atrevería a decir que el único punto en común en todas estas personas es que no saben inglés pero en cierto modo añoran el prestigio asociado a su conocimiento. No sé, pienso que esta teoría puede ser un punto interesante para futuros estudiosos de palatalizaciones varias y latines vulgares-vulgares.

    Saludos

  3. A mi me da que esa pronunciación tiene que ver con el sustrato fonético árabe, en general, más que con posturitas retóricas, pero en cualquier caso es una aberración menor. Lo de la ignorancia de idiomas es más grave, y en el caso de nuestra clase política superior, lamentanle. No hay más que recordar la carita de tonto de ZP cuando se cruzaba con Bush…

  4. El título es desconjonante, y aplicable a esta panda de dirigentes mudos que nos van dejando en ridículo allá por dnde van de viajes o visita. Las caritas de tonots de nuestros jefes enfrentados a los líderes extranejros son para verlas. Pero hay que reconocer que España es un país con pocos hablantes de otras lenguas. Por eso coincido hoy con la filosofía de la columna.

  5. Tremenda denuncia. No es respetable un país cuyos dirigentes máximos, pro sistema, necesitan ir acompañados del intérprete en cuanto salen de su alfoz. Una clase política improvisada, de pacotilla, inventada si me apuran: sin oficio no beneficio, sin conocimientos ni la formación que se espera de un responsable público. Tampoco saben economía, ni sociología, ni… Leire Pagín nunca acabó su carrera, como apenas la inició Pepiño, a la de Exteriores la suspendiewron en la Escuela diplomática dis veces. El propio ZP es un mero licenciado raso que fue ayundante de clases prácticas, al parecer, unos meses en León. Este es el peor gobierno que hemos tenido nunca, en todo caso. ¿vamos a pedriel que hable idiomas, señor mío?

  6. No sé por qué extrañarse de que o hablen inglés después de comprobar a diario que chamullan un castellano pésimo. Me conformaba con que dejaran los tópicos y fórmulas de moda para ajustarse a una sintaxis razonable.

  7. Mire, don gm, este personal responde al prototipo de “sobrevenido” que sostiene que la economía puede aprenderse en dos tardes (sic), aunque luego el aprendiz eche del Gobierno al ministro/profesor a las primeras de cambio. Una clase política menesterosa intelectualmente, lo que usted suele llamar con guasa “ganapanes”. No les pida que hablen otra lengua que la jerga que les enseñaron en los pasillos del partido.

  8. No le pidamos peras al olmo, y menos en un país cuyo déficit en esta materia es el que es. Con independencia de que una mayoría de políticos –salvados los que tienen medios de vida y oficios bastantes– es hoy en España pura leva de gente sin calificar. No quiero señalar, pero hay cada ministro, por quedarnos en la cumbre…

  9. No se dé contra el muro, buen hombre, no le pida peras al olmo. Quitando a Calvo Sotelo –buen linaje, clase alta– aquí no ha habido un presidente que chamullara siquiera medianamente los idiomas de uso corriente en Europa. Para qué hablar, en consecuencia, se los del montón. En su provincia, en Huelva, acabo de ver que han nombrado a tres alcaldes de los que han ido a la calle el 22-M delegados provinciales de la administración autonómica: los tres maestros nacionales. ¿Para que un ingeniero agrónomo en Agricultura, un experto en Pesca, un ingeniero en Obras Públicas…, teniendo maestritos, como parece que decía Guerra. Este es el nivel que hay. Indignémosnos, sin necesidad de ocupar Sol ni injuriar como locos a los electos… del PP.

  10. Creo que en España, como en muchos países, hay multitud de personas preparadas que, sin embargo, desconocen otros idiomas. Claro que para ellas el problema se reduce a un cierto hándicap que les dificultará su tarea, pero para un gobernante que tiene que vérselas en directo con colegas extranjeros y presionar sobre ellos, me parece que la cosa es bastante peor. También es verdad que los ingleses, en mayoría, como los americanos, se limitan a imponer su lengua, y los franceses, a pesar de au declive, más todavía. Cuando nuestra juventud se suelte como ya ocurre en otros países, entonces tendremos políglotas que nos representen. Entre tanto, nadie se haga ilusiones.

  11. Es verdad que españoles de alguna edad y con lenguas hay pocos. Cuando las hablan lo hacen perfectamente, y son cultísimos. Si no me equivoco han tenido ustedes un ministro de asuntos exteriores socialista que hablaba perfecto francés…
    De la joven generación veo un montón de españoles moviéndose por el mundo y aprendiendo lenguas.
    Besos a todos.

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