Aunque se empeñe la Junta (de hecho, ella misma reconoce una intolerable cifra de “pobres severos”) la estadística de la pobreza es difícil de entender en una región, como Andalucía, que lleva un cuarto de siglo regida por una mayoría absoluta “socialista obrera”. Hay pucho pobre, vergonzante o clamoroso, insolente o púdico, pero también hay mucho rico, cada vez más, y no me refiero al lógico progreso general que se da en todas partes, sino al enriquecimiento suntuario, ¿Qué más pruebas quieren que el hecho de los precios de los “amarres” de los puertos deportivos se hayan disparado hasta superar los de las propias viviendas de primera línea de la costa? En Puerto Banús, en Puerto Sherry, en Sotogrande, los nuevos millonarios amarran sus yates con bandera de conveniencia, mientras que una muchedumbre se debate sin techo o lucha a brazo partido para pagar la hipoteca a fin de mes. Se han agrandado las diferencias entre las clases bajo el pabellón igualitario. Pocos hechos dejan tan en evidencia la inanidad de las actuales ideologías.

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