Me ocupé aquí mismo hace poco de las peripecias ocurridas con motivo de la exhumación de los restos del Panteón Real de San Pedro el Viejo en el que descansaban hace siglos, junto a Ramiro el Monje y Alfonso el Batallador, algunos restos al parecer no identificados. Es curiosa (y dudosa) esta pulsión tanática de algunos forenses sobrevenidos y más aún el peregrino empeño de interrumpir el sueño de la muerte de algunos personajes, empeño del que no se he librado ni el propio Napoleón. La última de estas aventuras ha sido la de reabrir (yo diría profanar) en Reus la tumba del general Prim con la excusa de refutar la tesis de su muerte casi inmediata tras el atentado y probar, en cambio, que el general viviría aún tres días durante los cuales incluso dio órdenes a través de sus edecanes y del propio Serrano. Equívoco destino el de la fama de Prim que nada expresa mejor que la falaz cuarteta que coreó el pueblo de Madrid atribuyéndole el mérito de la batalla decisiva que, en realidad, ganó Serrano al marqués de Novaliches –el “Manolo Concha” de Valle-Inclán–, con una letra que a nadie preocupó: “En el puente La Alcolea,/ la batalla ganó Prim/ y por eso lo aclamamos/ en las calles de Madrid”. El número de ahora es, en todo caso, llamativo y poco serio, no sólo porque los promotores son conocidos profesionales de la “criminología televisiva”, sino porque intentar la autopsia de un fallecido hace tanto tiempo para determinar (¿) si, en efecto, murió la misma noche del atentado o bien sobrevivió esos improbables tres días se antoja un empeño no exento de una pulsión necrófila. ¿Se le habría escapado ese dato a los varios investigadores, desde el penumbroso Paúl y Angulo a Pedrol Ríus pasando por el propio Baroja y tantos otros? No parece probable, pero, a mayor abundamiento, ahí está el apasionado y aplastante estudio de José María Fontana, flamante todavía, y para mí una de las aportaciones más originales, y en algún aspecto definitivas, que se ha escrito en torno a al magnicidio de la Calle del Turco.

No sé a qué vienen estas caprichosas curiosidades e incluso me repugnan en la medida en que siempre resulta altamente improbable desentrañar la Historia en un ataúd. Paz a los muertos. Tentado estoy de apostar, además, que no han de llegar lejos (ni cerca) estos fosarios cuya formación histórica no consta siquiera. Don Ramiro o el marqués de los Castillejos se ganaron a pulso hace mucho del derecho a descansar en paz.

7 Comentarios

  1. Es difícil seguir funcionando solos cuando se quedan solos los huérfanos. Toda dictadura se basa en la petulancia de sus servidores voluntarios, normalmente también privilegiados. En la URSS, en Cuba, en Marruecos… da lo mismo.

  2. El otoño del patriarca es seguido por el invierno y ahí no se oye otra cosa que ¡sálvese quien pueda!». Veremos cuando se muera por fin Castro cómo reaccionan los cubanos, pero sobre todo será interesante ver el tiempo que tardan en llegar los buitres.

  3. Me ha encantado eso de «criminología televisiva» aplicado a esos charlatanes de los que se aprovecha la tv morbosa. Hay que ser raro para prestarse voluntario a hacerle una autopsia a Prim después de tantos años y tanta tinta derramada sobre su muerte. Pero cada uno se gana la vida como puede, estarán istedes de acuerdo conmigo…

  4. ¿Veremos algún día a esos forenses aficionados haciéndole la autopsia al inencontrable Alejandro de Macedonia? Iba a haber tiros por ponerse la bata blanca, pero esto lo que desmuestra es que la morbosidad de los públicos, potenciada por la presión de los medios audiovisuales, es insaciable. ¿Recuerdan la que dio en televisión el padre de una de las niñas de Alcácer? Pues me temo que lo peor esté por llegar.

  5. Márketing. National Geographic (por citar alguno) y canales de ese estilo han mostrado el camino de los documentales donde se revisa todo lo revisable y se combina ciencia y exclusivas.
    El producto final se vende como rosquillas y encuentra abundante audiencia en suplementos dominicales y cadenas al estilo de las citadas. La ilusión de hacer historia.

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