No está teniendo esta crisis imágenes impactantes, cinematográficas, en cierto sentido, como la aquellos financieros del 29 que se arrojaban desesperados por las ventanas de los rascacielos de Wall Strett cuando sus valores se hundían en la Bolsa. Esta vez el suicidio es más discreto y menos publicitado, despojado ya de todo ritual, salvo el de ese boticario retirado de Atenas que se ha disparado una bala en la sien en Atenas, en plena Plaza Sintagma, sobre el césped que decora el escenario del Palacio Real, con sus guardas-danzantes y sus corrillos de turistas. Lo raro es que no haya más desgracias, incluso teniendo en cuenta la eficacia de los actuales psicótropos que, por cierto, han multiplicado su consumo hasta cotas, al parecer, desconocidas. En Bolonia también se ha quitado la vida un albañil al que, encima, el Fisco le pisaba los talones, como si no tuviera una docena de Onassis que perseguir es ese país podrido, mientras en Verona se quemaba a lo bonzo un inmigrante marroquí al que su patrono le debía meses y meses. Más convencional un refugiado político cubano, viejo represaliado de la dictadura y acogido en España por el plan Moratinos ahora finiquitado, se ha colgado en su habitación no sin antes declararle a su mujer que, en estas condiciones, no merecía la pena seguir luchando. Son los muertos de la crisis, las víctimas de la especulación, los mártires cansados de ver que pasa el tiempo, que se suceden las medidas a favor y en contra, pero que nadie tiene ni idea, ni aquí ni en ninguna parte, de cómo va a acabar la fiesta. Hay que recordar a Ortega: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Y nos repiten que todo se arreglará, que toda crisis, por definición, es transitoria, que no es verosímil que el Sistema se suicide en su cámara acorazada, como el alacrán, pero la paciencia tiene sus límites y ya ha llegado el momento de que muchos bajen los brazos y se rindan aunque sea conquistando la muerte ya que esto no es vida.

La crisis no es igual para todos, por supuesto, y no me refiero ahora a sus manigeros, sino a la vasta legión de padres sin pan que aguarda resignada, de momento, en el piso hipotecado, a los pobres de siempre y a los nuevos pobres que diariamente engordan la estadística de la desolación. Una voz estridente ha clamado en Andalucía que de esta crisis no se sale si no es con medidas “antisistema”. El revólver o la soga, por ejemplo, como en los casos citados. Cuando retorne la opulencia habrá que recordar a estos caídos y a tantos y tantos otros que no han llegado a dar el salto mortal pero que llevan la procesión por dentro.

3 Comentarios

  1. Vendrán muchos más, desgraciadamente, aunque no hay que olvidarse de los “muertos vivos” que sobreviven en sus miseria.

  2. No sé si han tenido ocasión de ver el video que un renombrado publicista ha rodado para Cáritas Madird. En él se refleja la realidad de los comedores sociales, así como la extensión de la crisis a capas medias de la sociedad. Creo que, en su simplicidad, el video es de una gra belleza.

    El enlace es: http://www.youtube.com/watch?v=PFFOUw5s4bE

    Un saludo.

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