Parece que no hay modo de erradicar el hábito cazador de ahorcar al chucho que ya no rinde en el campo. En cuanto flojea el perro, en cuanto se deja ir una pieza o no adopta la postura expectante con la que delata su presencia, una cuerda, un buen lazo, una recia encina y a otra cosa. Brutal, seguro, pero tengo para mí que no hay gran distancia básica entre el desprecio por la vida y la correspondiente solución propia de ciertos furtivos desalmados, y la que subyace a la idea no tan extraña de que, como la mala yerba, la persona demostradamente peligrosa debe ser eliminada por las bravas. Veo estos días en Internet la estremecedora imagen de una lapidación de dos hombres y una mujer acusados de adulterio, una escena difícil de creer pero que ahí está, en alguna parte al norte de Afganistán: enterrados hasta el cuello son apedreados sin piedad hasta que uno de los bárbaros, ignoro si por un resto de piedad o por simple eficiencia, se acerca y les descerraja unos cuantos tiros en las cabezas destrozadas. Y siguiendo el hilo tropiezo con el nuevo debate suscitado en la sociedad china sobre la pena capital que en aquel gigantesco país se aplica, según las últimas estadísticas, a razón de 8.000 suplicios al año. Ante la fuerte presión de este debate, el propio Tribunal Supremo ha creído discreto exigir o, al menos, solicitar tres condiciones a los jueces que dicten sentencias de muerte: la primera, que las sentencias se funden sobre pruebas (¡), lo que hace suponer que hasta ahora ese requisito elemental no debía de ser forzoso; la segunda, que no se escarnezca a los reos con exhibiciones públicas antes ni después de la ejecución sumaria (allí se ejecuta con un rito en la nuca cuya bala paga, como es sabido, la familia de la víctima); y en fin, la tercera es que una pena tan grave no quede en mano de los remotos tribunales de provincias sino que requiera la confirmación de la suprema instancia. Mal deben de andar las cosas cuando en una nación que aplica por miles la última pena los propios ropones han de tentarse la ropa exigiendo garantías.
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Dicen que en USA aumenta en los últimos tiempos la oposición al suplicio pero, como para compensar, en Francia no hace mucho que un grupo de diputados, entre los que se encontraba algún apellido político destacado,  solicitaba la restauración de la pena de muerte frente al terrorismo, y no faltó siquiera un rifirrafe provocado por la evocación de la guillotina en algún popular programa de radio, datos desoladores a los que hay que añadir el espectáculo montado en el cadalso iraquí por el régimen títere de los ejércitos ocupantes. Sería ingenuo, en todo caso, minimizar esta barbarie sin ver que bajo ella lo que sostiene el tingladillo ideológico es la devaluación progresiva de la propia vida humana, la indecente exhibición de brutalidad que diariamente difunden los medios junto a la resignada asunción de la muerte masiva que acarrea la miseria extrema en este mundo desigual. Ya es significativo que el propio Catecismo de la Iglesia dudara de la manera en que lo hizo a propósito de su ambigüedad ante la pena de muerte que tanto contrastaba con la rotundidad con que, de manera atolondrada, a veces se ha tenido la ocurrencia de equiparar al aborto, incluido el terapéutico. Sólo hace unos días la misma institución repetía el gesto de Pilatos imponiendo el traslado de la mujer que reclamaba su derecho a la eutanasia desde un hospital regido por religiosos a otro de régimen laico, gesto similar en el fondo a aquel otro que aceptaba la pena de muerte alegando la soberanía de los Estados y la autonomía de sus ordenamientos jurídicos. He buscado la noticia de la lapidación que antes refiero y lo más que hallé en algún periódico ha sido un suelto insignificante en el que se daba cuenta al paso de la terrible escena, pero sí que he encontrado una severa profecía que ve en la “apertura” china un factor multiplicará las ejecuciones. La vida no vale ya  un pito. Si buscan razones más escondidas estarán perdiendo el tiempo.

13 Comentarios

  1. Alabado sea el Santísimo que nos regala, en estos tiempos marrulleros y podridos, con una columna como la de hoy que bien merecería de mármol y buril. Ni le doy jabón ni el Anfi permitiría que lo/me envileciera en ese trance. Sólo que hay quien tiene las ideas claras y la lengua expedita y la valentía suficiente para erigir un podio de gallardía donde instalar sus verdades aunque unos le digan ‘raca’ y otros le arrojen nabizas.

    ¿Cómo era aquello de ‘ni mi verdad, ni la tuya, sino vamos juntos a buscarla’. Bueno, el bueno de don Antonio lo dijo mucho mejor, pero así también vale. Lo que ocurre es que hay verdades como montañas –el sol existe, los pájaros vuelan- que no precisan argumentario. Y el Jefe canta sus cuatro verdades, péseles a tirios o a troyanos.

    Como él no lo hace, yo sí voy a mentar al ilustre paymoguero Vaz de Soto, que a una de sus novelas más conseguidas le puso como título “Perros ahorcados”. El gañán que desprecia al animal que le ha proporcionado sustento, fidelidad y compañía, llega a la crueldad innecesaria de colgar al inteligente y bellísimo galgo por las patas traseras dejándolo justo a la altura en que las delanteras rozan el suelo. El animal pensando que si lo alcanza pondrá remedio a su angustia, patalea ansioso por alcanzarlo. El malevo se aleja diciendo entre risotadas que ‘lo ha dejado escribiendo a máquina’. Se mezcla lo zafio, con lo indigno, lo inhumano, la bestia atraíllada que todos intentamos dominar.

    Pero tampoco voy a obviar la reflexión de que sistemas penitenciarios tan blandiblú como el español por ejemplo, hacen que por pura ley pendular haya quien se va al extremo opuesto. Será una metafísica para discutir eternamente pero entendamos que la justicia, aunque vaya sin mayúscula, no puede ser una ramera que se arrodilla ante el falo del manda de cada momento. Ay, mi don Páter, abra la rejilla ya mismitito y pondere la penitencia para esta pobre deslenguada.

    (Sin ánimo de spam: la Tercera de hoy en el diario de las tres letras, tristemente bajo la férula de las oes, es para no perdérselo).

  2. Le absuelvo «de levi» y de buen grado, mi sorore, y envío al jefe mi gratitud humana por su perseverancia en el combate contra la epna de muerte, tema que la mayóría de los publicistas consideran «pasado» a salvo ocasiones propicias como ejecuciones célebres y demás. gm hace años que clama en este desierto y a su voz unimos las nuestras muchas personas que respetamos al Hombre. Dios se lo pague a él como a tanta gente de bien que se enfrenta a lo que parece tener difícil solución.

  3. Hay en gm como un miedo al «peligro amarillo» que es muy antiguo y muy reaccionario. Aprovecha lo que sea para sacarlo de paseo. No sé cuantas columnas lleva dedicadas a China en esta temporda última, pero sel o atribuyo a su reconversión al conservadurismo de derechas.

  4. Me malicio otra deserción masiva, incongruente con los lamentos escuchados durante el lapsus romano del jefe y consiguiente cierre del blog. Lamentable, porque tema y tacto en tratarlo bien merecían una atención importante: Nunca entenderé estos vaivenes cibernéticos, quizá menos previsibles todavía que los que mueven al comprador de periódicos o al espectador de tv.

  5. Terrible historia la d elos lapidados. Noten que la prensa ni la ha comentado (al menos yo no la he visto ni oído). Cuando una sociedad se acostumbra a estas cosas me temo también que poco pueden hacer las personas de buena voluntad.

  6. Parece que ha elegido adrede el día para oponerse al suplicio de la muerte: ya vieron la nueva ejecución de Irak. Hay queine se pregunta si sería también de recibo ejecutar a los verdugos de esta locura imparable. No me cuento entre ellos, pero es cierto que me rebelo ante este espectáculo de cinismo en el que se utilizan las ejecuciones para tapar el gran agujero nergo del fracaso.

  7. No quiero entrar en el debate. Me pongo malo. Sí insistir, como se ha hecho antes, en la tenacidad de jagm frente a esta lacra.

  8. 23:28
    Yo tampoco entro en el debate, pero sí quiero puntualizar que la noticia de la lapidación se publica al menos en “La Razón”, “La Vanguardia” y ABC, según veo en el buscador de noticias de Google.

    También quiero recordar que el cariño y la sensibilidad para con sus animales son excepción en la en las personas que trabajan con ellos.

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