Poca gente se acordará ya de Ariel Sharon, aquel tonante “premier” israelí que gobernó con mano de hierro no sin antes hacerse famoso por “consentir” a la “falange libanesa” perpetrar la matanza de Sabra y Chatila, en su día calificada de genocidio por las Naciones Unidas. Sharon sufrió dos ataque cerebrales hace ocho años y desde entonces yace en estado de coma profundo en el hospital Chaim Sheba, cercano a Tel-Aviv, sin que los controles neurológicos que exploran sin cesar su mente hayan conseguido más que leves señales de actividad, a lo que hay que añadir una crisis nefrológica que se le ha presentado en los últimos días y ante la que los galenos del centro opinan, contra la opinión de la familia, que no procede otra cosa que la aplicación de tratamientos paliativos. ¡Ocho años postrado y en coma aquel trueno que aglutinó en la extrema derecha el sentimiento nacionalista, un tiempo inmensamente mayor que el que precisaron para pasar de ser a no ser sus víctimas abatidas por el plomo! Los médicos fundan su decisión en el convencimiento de que si Sharon pudiera ser consultado, respondería con toda seguridad que prefiere la eutanasia a permanecer en ese simulacro vegetativo que, por cierto, ha costado al Estado israelí más de ocho millones de euros (sobre 40 millones de shekels), total para no conseguir el menor resultado. Sharon es un engranaje más de un conflicto diabólico agravado por la inhibición de unas grandes potencias que prefieren no entrar en ese círculo de tiza, ni siquiera cuando se les recuerda que semejante situación podría acabar incendiando no sólo su “región” sino convertirse en un conflicto generalizado. A los desdichados de Sabra y Chatila no se les preguntó nada ni se les argumentó lo más mínimo antes de ser masacrados con la anuencia o inhibición del ahora agonizante. Eso también es verdad.

 

No ha habido quizá gobernante en ese conflicto que pueda librarse del baldón de terrorista, y desde luego Sharon no iba a ser la excepción. El toque está en decidir la responsabilidad de cada uno de ellos por esa locura que parece que se ha convertido en crónica, en función de un reparto de papeles que garantiza la continuidad del enfrentamiento, no mucho mejor hoy que cuando, hace ocho años, Sharon cayó fulminado sabe Dios por qué rayo. A ver quién se acuerda del “héroe” cuando, al fin, desconecte su última neurona camino del Sheol. Ni un genocida resiste al paso del tiempo. En el fondo, nuestra memoria es piadosa.

7 Comentarios

  1. No puedo creer que esté usted, mi querido Anfi, haciendo publicidad subliminal del último tocho de la niña de Yale. Que por cierto en algún sitio leí que fue el primer refugio o techo, no sé si con derecho a cama, del Canijo en su arribada a los madriles. También en la prensa de los higadillos se comentaba que fue ella quien le regaló ar susodicho la famosa chaqueta de cheviot que él decía (?) que le daba suerte. (Unas 80.000 pesetas del tiempo, dicen que costó). ;)

  2. A veces, aunque no siempre, la naturaleza la naturaleza hace la justicia que no pueden o no quieren hacer los humanos. Larga vida al genocida.

  3. Perdonada, espero, la broma de la comenta anterior. En algún momento leí algo de la biografía de Sharon. Hoy la repaso en la wiki. Nació ya en Israel, que entonces no lo era, en una de aquellas oleadas de rusos y polacos que se establecían, desde finales del XIX ante los progromos que sufrían, comprando sus tierras, como colonos en la antigua Palestina.

    No es difícil concluir que fue uno de los pilares en defender con uñas y dientes su tierra, ya que Ariel Sharon fue miembro destacado de las Fuerzas de Defensa de Israel, desde su creación. Conviene no olvidar que la masacre de Sabra y Shatila fue perpetrada por los falangistas libaneses que arrasaron a los habitantes de los campamentos de refugiados palestinos, eso sí, con el consentimiento del gobierno israelí.

  4. Un ogro, pero los ogros también caen en coma. No me alegra la fatalidad de Sharon pero no olvido su dureza de corazón y su tremenda inhib ición en aquella matanza.

  5. Sin entrar en polémica, la mancha de Sabra y Chatila es indeleble y recuerdo a don Epi, siempre tan ajustado y exacto, que su aviso final del de la Falange libanesa no se le ha escapado a don ja, sino que lo consigna en la tercera línea. Aquella escena dio mucho que hablar pero no tiene perdón, ni siquiera con la excusa de que “respondía” a cierta tropelía anterior del enemigo. Sharon ha sido un gobernante en dificultades que ha contribuido mucho al descrédito de su maltratado país.

  6. Un criminal de guerra. Pero, ¿quién se salva en ese conflicto? Sharon se defiende para sobrevivir, igual que los otros. Eso es lo malo de ese infierno.

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