Un periódico de la competencia se ha columpiado al publicar una foto de Hugo Chávez en esa imagen bien conocida del enfermo terminal entubado y asistido. El problema era que el representado no era Chávez sino un paciente que, según como aquí hemos demostrado, fue intervenido en 2008, fecha desde la cual circula en Youtube la foto en cuestión. El invierno del patriarca es siempre el mismo, pues su efectiva desaparición, obliga a sus partidarios a blindar el secreto sobre su situación real, aparte pde por desorientación, para atar cabos sueltos, ganar tiempo y dirimir conflictos hereditarios. Ahora se dice que el general Prim no murió en su palacete madrileño cuando siempre se dijo, sino varios días antes, y que su colega Serrano y su pretorio habrían ocultado la noticia incluso a la familia del “espadón”. Y no hará falta recordar la miserable exhibición de la agonía de Franco, perpetrada por su propio yerno, autor de las fotos que hicieron temblar a media España y descorchar botellas de cava a la otra media, o el espeso silencio que rodeó la muerte de Mohamed V, el abuelo del actual sultán marroquí. Junto a Chávez, sea cual su verdadero estado, vive su moribundia a media luz el propio Fidel Castro, de cuyo final sólo tendremos noticia cuando convenga al “aparato” de su régimen. En todo caso, la tentación de obtener la prueba del estado desesperado de esos patriarcas, hoy al alcance hasta del penúltimo celador, ha dado lugar a un mercado negro ocasional que en ocasiones gasta broma como la que ha provocado el bastinazo de “El País”. El sensacionalismo tiene sus riegos, qué duda cabe.

Lejos ya los tiempos en que en la cámara funeraria aguardaban inquietos el último suspiro los fedatarios junto al cura y los familiares. Hoy la gente, incluidos los próceres, no muere en su casa sino en el hospital, ámbito que quita mucho dramatismo al tránsito y vuelve la escena menos afectiva pero más aséptica. Hemos optado por la invisibilidad de la muerte pero, ay, incluso dentro de esta opción cabe que una mano encanallada proveche para retratar al agónico y vender al mejor postor la triste imagen, de lo cual no hay que culpar a la oferta más que a la demanda. Y en cierto modo eso viene a ser como la venganza de la realidad sobre el tirano, expuesto, por una vez, en su contingencia más indefensa. Cualquier mindundi con un telefonillo puede hoy ganarle la última batalla el Patriarca e, incluso, ganarse unas perras.

4 Comentarios

  1. ¿Pero cree usted de verdad, mi don JA, que en Cuba alguien en dos kilómetros a la redonda del lecho del dolor del Gorila, pueda tener un telefonillo que no esté ultracontrolado, ni siquiera de aquellos de manivela?

  2. No se qué pensará don ja, pero a mi no me cabe duda de que sí, en Cuba y en todas partes. Tenga en cuenta, además, que a ese enfermo lo están tratando médicos, quizá equipos extranjeros, alguno español, y bien podría habérsele ido la mano a uno. De todas formas, ya El Mundo nha aclarado la vaina, cosa que no le habrá hecho demasiada gracia a El Pais, que ha quedado regular en esta ocasión.

  3. Vaya , qué curioso! Y qué dicen desde el País, porque son “mu” soberbios y no les imagino pidiendo disculpas…

    Sí, siempre resulta muy delicado pasar el relevo, pero mucho más en estos regímenes.
    Besos a todos.

  4. Gran patinazo (lo de “bastinazo” está muy bien). Lo curioso es que la foto en cuestión fue ofrecida tambiñen a El Mundo y ñeste no tragó…

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