La suerte de Arafat ha llegado a ser legendaria. Muchos son los atentados a los que ha sobrevivido ese terrorista, cuña de la misma madera, incluyendo el que supone la convivencia con su esposa Souha, que tiene tomate, la señora. Pero ahora, a los ocho años mal contados de su muerte, el tribunal de Nanterre, con el consentimiento de la viuda, ha abierto una causa por asesinato “contra X”, después de que la emisora Al Yazira difundiera un documental en el que el Instituto de Radiofísica de Lausana afirmaba que, entre los efectos personales del difunto “Rais”, se habría detectado una cantidad anormal de polonio, ese veneno con que Putin liquida a los espías disidentes. Los expertos sostienen, sin embargo, en contra de esta hipótesis, que –no habiéndose efectuado ninguna autopsia al cuerpo de Arafat—convendría practicarle una dado que múltiples indicios apunta a otra causa mucho menos postmoderna y mucho más propia de la perfidia romana o de la renacentista: la ingestión de una seta venenosa, la “amanita phaloide”, ese fantasmal peligro que tanto nos inquieta a los amantes del gurumelo o “amanita ponderosa”. Lo que no han logrado los infalibles servicios secretos israelíes ni los diferentes sectores de su propio bando, resulta que estaba al alcance de la mano con sólo recurrir al viejísimo remedio, prácticamente casero, que es la seta venenosa. ¿Ven como no está de más, en caso de carecer de gato, mantener siempre a sueldo a un catador que, como el oficial de día en los cuarteles, pruebe la comida antes de ser consumida? Hay personajes a los que se les niega incluso la paz del sepulcro, y yo diría que, en ocasiones, no sin alguna razón.

Por supuesto, Israel se ha precipitado a despejar a bote pronto, asegurando que nada han tenido que ver en el presunto asesinato sus legendarios espías y lo mismo ha hecho la viuda con ese gesto de autorizar la exhumación que se llevará a cabo en Ramala, pero en un caso como el de Arafat el problema es que no tendríamos dedos bastantes para contar los muchos enemigos que se agenció en su procelosa vida. Y ya ven, una seta de apariencia inocente, de esas que menudean por los campos, ha resultado tanto o más eficaz, como bien sabían Nerón o César Borgia, que el puñal o la bomba del sicario. Lo que me pregunto es para qué querrá saber la viuda Souha la causa de esa muerte cuyo verdugo, como bien sabe ella, sería tan difícil de determinar.

4 Comentarios

  1. No es un poco exgaerado, e injusto, calificar de terrorista a Arafat. ¿no dería mejor llamarle patriota? Desde luego yo tampoc lo tengo muy claro, porque sé cosas de hizo pero es que usted no le da cuartel, y ese me extrala dada su tendencia a la exactitud.

  2. Como sé bien que no eres precisamente proisraelí, valoro más la exposición limpia de los personajes, algunas muy graciosas, como la de la señora. Arafat fue un líder sin duda, y todo líder en situaciones turbulentas acaba en el terrorismo. Tu mismo has denunciado aquí a Arafat otras veces emparejándolo con el judío con el que compartió el Nobel.

  3. No se puede salir siempre ileso, tentado a la suerte. Su resulta verdad que a Arafat lo han asesinado habrá que decir que ese era el destino lógico de un personaje como él.

  4. Sería curioso que unan seta acabara con quien había escapado a los servicios secretos más hábiles del mundo. Ningún líder se libra del enemigo íntimo. Arafat no tenía por qué ser una excepción.

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