Hay que reconocer que la situación que hereda la nueva Presidenta digital es tremenda porque contiene la suma de los fracasos anteriores. Borbolla no consiguió una Administración respetable, Chaves nunca consiguió dotar a nuestros hospitales de habitaciones individuales, Griñán, culminó el desastre de los ERE y las prejubilaciones falsas pero ni mejoró la Educación que declaró “preferente” ni –igual que Zapatero—quiso saber nada de la limitación de mandatos prometida en su investidura. Díaz va a acabar con la corrupción sin nombrarla, potenciando a esa Cámara de Cuentas hasta ahora ignorada por la Junta y otras zarandajas, pero aun así le quedaría la legión de parados y nuestro atraso crónico. Coser y cantar, dicen los suyos. Mucho toro para esa becerrista, responden otros.

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