Estoy impaciente por ver que nos cuenta la prestigiosa revista Cell sobre esos tres macacos que los científicos de Oregón acaban de “crear”, por decirlo de algún modo, al conseguir darles viada partiendo de células procedentes de seis embriones distinto que ellos implantaron luego, en plan “doctor Moreau”, en los vientres de alquiler de algunas hembras de su misma especie. Mucho antes que este visionario de la isla, ya María Shelley concibió —y parece que con cierta ayuda prestada por el propio Byron—la idea de forjar un cuerpo vivo con retazos de otros, ensamblándolos como si tal cosa ya que a aquellas alturas poco era lo que se sabía de cierto sobre implantes y rechazos. Pero todo eso ha quedado súbitamente a retaguardia de la ciencia, desde la idea de que la formación de “animales mixtos” puede hacerse ya partiendo, no de sus miembros consumados, sino desde la poética perspectiva que brinda la biología molecular, esa ciencia torbellino que ya hace tiempo que habló de las “proteínas quimeras” que eran las producidas en el laboratorio por el procedimiento de unir dos proteínas diferentes. Dicen esos sabios que la clave de esta proeza casi genesíaca reside en la ocurrencia de utilizar células extraídas del embrión en su primer estadio, momento en que se las considera no sólo “pluripotentes” –capaces de producir un organismo completo—sino “totipotentes”, es decir, dotadas de la capacidad de producir la placenta y los tejidos imprescindibles para la supervivencia del embrión. La “creación” de esos primates no es sino el paso previo a ensayar esa quimérica implantación en el hombre, un paso que abriría insospechadas posibilidades a las terapias basadas en les células-madre que ya va siendo hora de que pasen del laboratorio a la clínica. Lejos quedan aquellos engendros quiméricos, animales de tres cabeza (león, cabra y serpiente) con que todavía coqueteaban con sus fantasías algunos imaginativos del Renacimiento.

Estos monillos de Oregón no son ya mecanos forzados sino seres plurioriginarios que han de enfrentar la vida desde la compleja perspectiva que se le supone al “uno múltiple”, al ser prodigioso que se debe a varias estirpes y deriva de la explosiva novedad que supone siempre marchar al margen de la Madre Naturaleza. Yo creo que nuestro antropocentrismo se está quedando fuera de juego mucho antes de lo que pudieron pensar los más pesimistas y que no son fácilmente calculables los milagros que nos aguardan a la vuelta de la esquina. Del mono fabricado a la quimera del Hombre no hay más que un paso, y pocas dudas caben de que está punto de darse ya veremos si sólo para bien o acaso en perjuicio de la vieja especie.

6 Comentarios

  1. Me asusta la fabricación de quimeras. Realmente la ciencia ficción, y antes que ella, la imaginación mítica, estaban diseñando el porverbnir de la Ciencia. ¿Puede indicar la fecha de aparición en la revista citada?

  2. El futuro de la Cienas no está ne las galaxias sino en nuestro misterioso interior. El animal es la cumbre la creación. El hombre su culmen.

  3. Cualquier dia fabrican un Undargarín invisible como el protegionista de la novela, y entonces habrá que culpar directamente a…, bueno más arriba del escalfón a alguien de la Casa Real.

  4. Es peligroso jugar a ser Dios, incluso para el doctor Moreau, pero no deja de ser líciti y humano buscar remedios para la desdicha humana. Cero que hay que encarar el progreso de la Ciencia con optimismo y sin miedos atávicos.

  5. Intelectualmente es interesante pero Dios, si nos ponemos a remedar a la creacción nos podemos preparar a que nos caigan terribles catástrofes.Los hombres no sabemos pararnos, queremos cada vez más y así salen las cosas
    Besos a todos.

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