De nuevo asoma la gaita la leyenda del gato empeñada en ver el sinuoso animal un sujeto mágico, venerado desde antiguo en culturas muy distintas que en él han visto lo mismo la cara de Dio que el disfraz del demonio. En cualquier manual tiene el lector el resumen de esa creencia inmemorial que los papiros egipcios divulgaron mucho antes de que la superstición del mundo cristiano se fijara en él como inquietante expresión lo maligno muy relacionada con la muerte. Esta vez la noticia surge lanzada nada menos que por ‘The New England Journal of Medicine’ aunque la verdad es que viene rebotando hace tiempo por las gacetillas que dan cuenta de las hazañas de un gato hospitalario capaz de predecir la muerte simplemente ovillándose junto al paciente en el que detectaría, nadie sabe por qué oscuro mecanismo, la inminencia del desenlace, es decir, justo lo que la medicina científica siempre renunció a asumir. La leyenda del gato surge con un milagro atribuido a Noé quien, desesperado por la presencia de ratones en el Arca, habría hecho surgir la especie del estornudo del león mucho antes de que, ya en pleno nilotismo, la diosa Bastet se hiciera de prestado con su cara y esos ojos nictólogos que le permiten cazar en la oscuridad. Sólo en el ámbito cristiano prospera la idea e imagen del gato maléfico, encarnación satánica incluso, aunque parece que ya los celtas desconfiaron de esa mirada enigmática, asociada con insistencia a lo femenino. Y ahí tienen a todo un prestigioso geriátrico yanqui acollonado ante los devaneos del minino a cuyas premoniciones atribuyen sus galenos causas tan improbables como extravagantes. ¿Por qué se traga el hombre con tanta facilidad la leyenda, sobre todo si resulta escalofriante? Poe tampoco debía de saberlo pero hizo con los poderes de un gato negro un relato aterrador.

Imagino el terror de los asilados conscientes que alcancen a ver al gato predictor darse un garbeo por sus habitaciones, pero sobre todo, flipo oyendo a esos médicos forzar la máquina y hablar sin ton ni son de feromonas y otras sustancias como causas posibles de la prodigiosa facultad del animal, hasta rendir el centro a la superstición aparcando de un revés el incómodo sentido crítico, como si ese fracaso multifactorial que suele ser la muerte guardara sus claves en exclusiva para la intuición gatuna. Hace poco era un perro el que diagnosticaba cánceres como el que destapa un alijo da grifa. Quizá esta pujanza del augurio en pleno progreso no es más que un recurso primitivo de nuestro cerebro reptiliano. Un gato rezongando por un pasillo nos devuelve por las buenas a la noche de los tiempos.

11 Comentarios

  1. Pepe Griyo
    Desde siempre las profecías más certeras ha sido las autocumplidas. ¿No es fácil que el anciano agonizante se diese por vencido ante el augurio maléfico? En no pocas culturas primitivas los brujos consiguen provocar la muerte por sugestión.
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    El auténtico amigo del hombre no es el perro, como suele decirse, que no pasa de ser esclavo, de ganaderos, de cazadores, de policías, de ciegos y otros trabajos, o como mascota dedicado a hacer la pelota a sus dueños. El gato, en cambio, elige a una persona libremente y no se considera propiedad de nadie.

  2. Hace nada y menos se hacía alusión en esta columna a maese Burgos, felinólogo de postín donde los haya, que buen partido -y merecido- le ha sacado a ese minino al que su mujer encontró en la calle. Fue pura delicia recrearse en esa amistad distante y respetuosa que establece todo anfitrión con su gato.

    En cuanto al tema que ocupa el comentario de hoy, ni soñando me atrevería yo a emitir teorías bizarras, que los que las profieren buscan más el lucimiento personal que la divulgación de su ciencia. Quedó demostrado en su día que ni el New England, ni el Jama, ni ninguna de las otras conocidísimas publicaciones galénicas son ya biblia ni torah infalible.

    Lo que sí me atrevo en mi osadía es a contradecir al viejo Ripalda en cuanto al número de los sentidos corporales, donde no se incluyen como es sabido ni el de la orientación, ni el del equilibrio, por poner dos ejemplos rampantes. Suelten desde un sumergible a un submarinista con los ojos vendados para que busque la superficie y no se equivocará nunca nadando hacia el fondo.

    ¿Por qué no ha de tener el delicioso gatito Óscar más desarrollado que otros congéneres la sensibilidad de percibir el merodeo de la Huesuda? Sin acudir a las consabidas feromonas o a la captación por sus bigotes del fallo eléctrico, neuronal o multiorgánico que lleva al longevo hasta el Jardín.

    La columna de JA es, como muchas de las suyas -y que se joda el intruso-, una amena, documentada y singular pirueta sobre la impostación y presuntuosidad de otros divulgadores. Apoyo con todo entusiasmo a quien ya ha afirmado aquí que no es fácil encontrar en toda la prensa en español, que es la única que frecuento, perlas de semejantes quilates.

    Por cierto, lo que me reí la primera vez que ví en el Arqueológico de Madrid las radiografías de algunos presuntos gatos embalsamados por los egipcios fulleros que metieron puñados de huesos de pollo y paja, vendiéndolos luego como pieza magistral a sus desconsolados deudos, amigos y parientes.

  3. Je, je, el cerdo ya mayor sigue encabronado. Tontuelo rencoroso, y eso que me iba a ir, pues ahora lo mismo me quedo por estos lares. Aunque no sé, he visto ese ojo medio cerrado en tu cara de lechuguino malaostia y para mí que te quedan dos telediarios antes de que te recoja la Huesuda. Lo único que te hacía falta es oler a pís de gato antes de que llegue, menudo espectáculo.

    (Que conste que el Revisor no he sido yo, pero ha tenido todo el arte. Apúntate dos, primo)

  4. Me lo van a a perdonar, porque es la primera vez que lo hago y no pienso volver a repetirlo. A la vista de la noticia Prima de Salud de hoy de EM he buscado un comentario mío anterior del 30 de agosto. Helo aquí:

    Se está creando una psicosis colectiva, una paranoia, que es el ambiente menos propicio para afrontar una situación que como bien asegura luego, es muy probable que sea menos dramática, mucho menos dramática que lo anunciado.

    El método es el mismo que por desgracia se adopta en medicina en muchas situaciones, la defensiva. Si se ha dañado un calcáneo se avisa al paciente y a la familia de que la cosa es grave y se corre el riesgo de tener que amputar ambas piernas. Luego resulta que si por un pésimo diagnóstico y tratamiento hay que amputar ese pie, todo el mundo va a aplaudir al médico por haber salvado el otro, u otros je je, miembro.

    Incluso es probable que la Margaret Chan y su consejo ejecutivo estén adoptando esa postura. He conocido de cerca a un alto cargo europeo de la OMS y les puedo asegurar que es tan chufla como lo pueda ser cualquiera de los pésimos gestores de nuestra sanidad española y andaluza. Claro que la ministra Trinidad es gran un peligro ya en sí misma, tanto o más que el H1N1.

    Sea como sea, algunos de los consejos que ha publicado el ministerio de la cosa son de puro chiste. Casi como aquellos de que los españoles habían de ser justos y benéficos. La prevención en este tipo de pandemias es imposible pues las vías de contagio y transmisión se pueden considerar cuasi infinitas.

    Hoy se publica en un diario del norte la peripecia que atraviesa un escritor desde que le hacen ’sospechoso’ de ser portador del virus mientras sufre un resfriadillo banal hasta que días después de estar en cuarentena dentro de su propia casa le comunican que el resultado de las pruebas sobre la gripe A es negativo. Del negocio y el mercado negro que se avecina, tanto de vacunas como de antivirales, ni les cuento.

  5. En el presente nuestro, después de millones de años de evolución, sigue aún nuestro cerebro alojando esctructuras neuronales en el sistema límbico.

    Aquí algunas veces hay opiniones dignas de haber sido elaboradas con un cerebro reptiliano, casi en estado puro.

    Bién por lo de hoy maestro. No escribas sobre nuestras cosas cercanas, que nos alejan.

  6. Nos ha salido jazzero el Multiusos (no se lo cree ni él). Anda cuélgate tú del esfínter y no hables de lo que no tienes ni puta idea, neurólogo.

  7. Es muy posible que sea verdad: los animales sienten que va a haber un temblor de tierra, porqué no van a sentir que te vas a morir, que se te está acabando el tiempo.Por otro lado también puede ser que como cuando stás en las últimas te mueves poco pero sigues calentito los animalitos disfruten del calorcito tranquilo.
    Pero , as always, agradable, culto y siempre esa lengua que da gusto leer, precisa y hermosa.
    No como otras.
    Besos a todos, o casi.

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