223 días han sido precisos para aclarar la desaparición de los dos niños hermanos en un parque cordobés. Otro espectáculo incomprensible que, como en el caso de la joven sevillana asesinada y desaparecida, ha conmovido duramente a la opinión pública y le ha salido por un pico al Estado. El ministro compareció ayer para defender el honor policial, como si alguien estuviera poniéndolo en tela de juicio, y dijo que, si acaso, de lo que podríamos lamentarnos es de “error científico”, ya que sólo tras el informe forense presentado por la familia, una segunda pericia de la policía estaría conforme con que los restos calcinados corresponden a los niños buscados, presuntamente víctimas de su propio padre. Más corporativismo del preciso, ya que la misma policía reconoce en privado que ha habido un “error garrafal”. Menos mal que, en esta ocasión, al ministro no se le ha ocurrido el argumento de la connivencia entre víctimas y el verdugo.

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