Hay que ver las múltiples maneras que tienen otras democracias de ponerle los dientes largos al contribuyente español. Junto a la noticia de que el ex –ministro Blanco, Pepiño para sus amigos, se resiste a abandonar su escaño para forzar que sea el Tribunal Supremo el que lo juzgue por presuntos delitos de tráfico de influencia, salta a la actualidad el ingreso en prisión del ex-ministro británico de Energía, Chris Huhne, reo de haber tratado de esconderse tras su señora para evitar una sanción por exceso de velocidad, engaño descubierto al cabo del tiempo cuando la señora, resentida por el abandono del marido, se vengó contándole la verdad a los jueces. Huhne ha sido condenado –¡10 años después!—a ocho meses de prisión, de los cuales habrá de penar dos y llevar durante los seis restantes un brazalete electrónico, toma, ya, y de momento ya un funcionario de prisiones se ha burlado de él y ha tenido que ser trasladado a unas dependencias más seguras ante el acoso de otros presos, tristísima circunstancia que no hacen más que subrayar la implacabilidad de una Justicia que nosotros apenas podemos imaginar. Aquí ha ido hasta un partido de gobierno en peso a aclamar en la puerta del trullo a unos secuestradores que, por lo demás, cumplieron sus condenas visto y no visto, y hay una intemerata de casos en que los presuntos importantes se han ido de rositas o, cuando menos, han salido del paso con un discreto coscorrón. Hay democracias y democracias, no cabe duda, y a la nuestra le faltan, como mínimo, unas cuantas mareas.

Lo anterior no va dicho con la intención de exonerar de culpa ni pedir impunidad para ese ministro, sino como una simple comparación –nada odiosa, por supuesto– entre lo que ocurre en un país en el que el pueblo está acostumbrado a respetar la ley caiga quien caiga, y lo habitual en otros, como el nuestro, donde eso de “caiga quien caiga” se suele decir desde el convencimiento de que, lo que se dice por arriba, caerán más bien pocos si es que cae alguno. Y justo es recordar también que la señora que primero se prestó al camelo y luego, despechada, se vengó del encubierto, deberá sufrir la misma pena. ¿No les da cierta envidia de ese país brumoso, tan organizado como mal comido, y en el que los jueces llevan todavía pelucones cuando se sientan a juzgar? Uno confiesa, modestamente, que sí, además de su esperanza de aquí algún día no le tiemble el pulso delante de nadie a los que tienen que juzgar.

4 Comentarios

  1. pero si yo pensaba, desde mi inocencia , que con la democracia la justicia era independiente…
    Besos a todos

  2. MI querido amigo seguro que no ignora la distancia que separa a nuestro país de la Gran Bretaña, por supuesto también en la política. Los ingleses tienen sus escándalos y los purgan, pero la Justicia es independiente bajo esos pelucones.

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