Al nieto de un amigo fraterno, ¡gran estudiante!, le han fastidiado la Selectividad o como se llame ahora ese escollo, al proponerle como tema de disertación nada menos que la memoria de Franco. También son ganas de enredar, por supuesto, pero sin proponérselo, esos profes le han propinado un capón tremendo a los rencorosos memorialistas que con Franco y su sombra andan a vueltas cada día. A un chaval de hoy le suena Franco tan poco como a los de mi generación nos sonaban los gerifaltes de las Guerras Carlistas, o a la de nuestros abuelos los héroes de la Gloriosa, esa es la realidad, guste o no guste a los comisarios del recuerdo, razón por la que se entiende malamente el sentido político que pueda tener la insistencia mostrada por los fosores del Valle de los Caídos o el celo empeñado de los zahoríes que rebuscan la tumba de Lorca. Alguien tan poco sospechoso como Antonio Elorza ha escrito hace poco que el traslado de los restos de Franco puede verse como un acto normal pero nunca debería ser vivido como una revancha, un matiz elemental que, sin embargo, en esta Babia encabronada no es imposible que sea entrevisto como políticamente dudoso, al menos por los inquisidores.
Tampoco lo es que tanto empeño en revisar la Historia acabe por provocar un efecto contrario al pretendido por los revisionistas. De hecho, ya inundan las llamadas redes sociales raudales de mensajes franquistas que hasta hace poco hubieran resultado inimaginables y vuelven a Cuelgamuros algunos desnortados peregrinos exhibiendo una insolencia que hasta hace bien poco hubiera resultado extraña. Los italianos o los mafiosos rusos lo han hecho mejor al ignorar los vigentes homenajes a Mussolini o mantener intactos los viejos mausoleos que, en fin de cuentas, no son más que historia petrificada, una estrategia de desdramatización que ha logrado minimizar la inevitable insidia residual. Aquí no, aquí algunos andan empeñados en mantener alerta la otra memoria, cebando el rencor de los mayores y hasta procurando instilarlo en la gente nueva. ¡Franco en la Selectividad! No se le ocurre a nadie venirle a la gente nueva con un fantasma desactivado por el tiempo, pero vayan ustedes a explicarle esa obviedad a esos justicialistas tuertos como caballo de picador. Franco nació seis años antes de perderse Cuba. El nieto de mi amigo, el que se desconcierta cuando en un examen lo retan a recordar a Franco, nació, como quien dice, anteayer.

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