Por gentileza de un periódico que ofrece su hemeroteca virtual me entero de que el día en que yo nací el rey Leopoldo de los belgas capituló ante los nazis, los franceses se disponían a reforzar la famosa línea del Somme e Inglaterra se movilizaba, entre perpleja y cuitada, para preparase ante una invasión que se preveía el paso subsiguiente de la guerra. Mala estrella, ya ven. Pero lo que me interesa del hecho es la evidencia de que esta tecnología rampante va a dar de sí, se quiera o no, un concepto nuevo del pasado o, si se quiere, una diferente idea de la Historia, que ya no va  a estar sometida al dictamen inapelable del experto sino que podrá ser confrontada con la crónica menuda que guarda la hemeroteca, de manera que cualquier situación que nos interese podrá ser conocida en su circunstancia ligera y refractada en el prisma, seguramente enriquecedor, de una opinión múltiple que permitirá a cada cual escribir su propia versión de esa Historia rescatada. Está claro, por lo demás, que una posibilidad tan sugestiva va a permitirnos una proximidad mucho mayor a la vida cotidiana y el acceso directo al panorama de las mentalidades, con lo que la Historia perderá, en buena medida, su carácter apodíctico pero también, miren por donde, su fragilidad ideológica, porque cualquier usuario tendrá en su mano la posibilidad de reconstituir una versión verosímil simplemente con restaurar aquella imagen difractada por el prisma de las ideologías que no es, por supuesto, más que el que sirve a los intereses diversos. Temo que no resulte fácil esa conciliación final de las interpretaciones, eso sí, convencido como estoy de que también el observador, sea el que fuere, someterá a su propio prisma la opinión ajena, lo que acaso sugiera la hipótesis de que ninguna Historia, en ninguna época, está libre de soportar esa rémora subjetiva. La mirada de Heródoto no estaba más exenta del condicionante de la visión griega que la de Toynbee de la que le correspondió vivir.

 

Vamos a tener que hacernos el cuerpo a esta nueva perspectiva o, lo que viene a ser lo mismo, a comprender nuestra propia biografía en el contexto vivo de un pasado que, por vez primera, se le ofrece íntegro al hombre siquiera sea en su parcialidad. Lo que quiere decir que, sin darnos cuenta apenas, hemos dado de bruces con la posibilidad de insertar nuestro conocimiento del pretérito en esa suerte de eterno presente que viene a ser el testigo sepia de la hemeroteca, la letra gruesa o menuda de una actualidad que creíamos perdida para siempre pero que se nos está apareciendo de pronto como una parusía del pasado. Ortega sostuvo que el hombre es Historia. El milagro del silicio permite hoy comprobarlo.

3 Comentarios

  1. Bonito, pero me temo que el hecho de tener a mano la “realidad cotidiana” pasada no cambie nada. Primero por aquello de lo que habla don José António que es “el prisma subjetivo” de cada historiador o historiante y también porque los periódicos tampoco reflejan la realidad sino hechos deformados por la ideología, la autocensura, la visión políticamente correcta imperante y así sucesivamente. Habrá batallas entre historiados a golpe de referencias del Web con la memoria rescatada, pero no creo que jamás lleguemos a acercarnos a la Historia exacta, que seguirá teniendo “su fragilidad ideológica”.
    Besos a todos.

  2. Abenámar, Abenámar, moro de la morería,
    el día que tú naciste grandes señales había!
    Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
    moro que en tal signo nace no debe decir mentira.
    Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría:
    —Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,
    porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva;
    siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía
    que mentira no dijese, que era grande villanía:
    por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría.

  3. No creo que de la columna se deduzca la esperanza en conseguir la objetividad a través de la hemeroteca, pero de lo que no cabe dudar es de que disponer de la crónica del pasado de manera tan accesible favorecerá su memoria. Claro que permanecerán las visiones ideológicas o inetersadas: no se dice lo contrario, sino que cuando se pueda contar con toda la información (la opinión plural) será más fácil desahecrse de ellas. Incluida la de uno mismo, como bien se insinúa por parte de don ja, incluida la de uno mismo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.