Coincidencia general en los medios al calificar como altivas las miradas de Karadzy y De Juana. La altivez del loco y la del estúpido, finalmente no tan distintas, el recurso extremo ante la falta absoluta de razón. Hay dudas, eso sí. Sobre por qué Karadzy no fue detenido antes, teniendo en cuenta que la región en que ha vivido estuvo siempre plagada de tropas internacionales, una pregunta retórica, claro está, porque es sabido ya que su nueva identidad se la había dado la autoridad actual, ella sabrá pro qué. O sobre el pacto de impunidad, no sé si inverosímil o no, que el bárbaro sostiene que tenía tramado con la diplomacia yanqui y que ésta desmiente. Cualquiera sabe. En cuanto a De Juana, no se explica tanto revuelo en un país en el que todo el mundo sabía que el asesino sería liberado en breve y al que, no se olvide, ya liberó en su momento el Gobierno mientras negociaba con la banda terrorista. Es verdad que extraña la pasividad (excesiva, incluso para la Justicia de este país) a la hora de ver qué hay de cierto en la antigua y renovada denuncia de que sus redenciones de pena son fraudulentas, burdos trucos sumamente fáciles de aclarar, pero que la Justicia no ha sido capaz de hacerlo en tres largos años. ¿Será que no se quiere resolver el asunto, es posible que se tema alguna impertinencia por parte de quien, eventualmente, bien podría suceder que pusiera al Gobierno en un aprieto revelando la letra chica de aquella ignominiosa negociación? ¿O será que se pretende no liquidar enteramente la perspectiva negociadora como, no sabemos bien en qué términos, le confirmó ZP al PNV hace días? Lo único seguro es que los infames andan sueltos, a socaire del garantismo democrático y a despecho del sentido común, y que el Estado no tiene ni idea de qué hacer para conciliar ese prurito extremado y la exigencia de rigor que plantean unas sociedades lógicamente desconcertadas. Sobran las preguntas. Tanto los “aliados” como nuestro Gobierno hubieran preferido correr un velo sobre esos negros negocios y si no lo han hecho, tampoco van a explicar ahora por qué.

                                                                  xxxxx

Todos sabíamos que soltarían al asesino, que no pagaría sus indemnizaciones pendientes, que acabaría por vivir junto a las víctimas, puesto que no es el primero ni el segundo. Lo que no vale es seguir excusando esta ignominia con el argumento de que con ello no se hace sino cumplir la Ley, algo que es tan cierto como que esa Ley está ahí porque han querido todos y cada uno de los Gobiernos sucesivos, todos en la cuerda floja de los pactos con los nacionalistas y, en concreto, con el PNV. Como no vale continuar ignorando la contumacia de un personaje como este criminal, porque carece absolutamente de sentido que un convicto contumaz se aproveche –¡y hasta puede que mediando un fraude documental!–  de los beneficios de un sistema penitenciario permisivo donde los haya. ¿No van a mirar altivamente esos enemigos públicos, auténticos monstruos pero venerados en sus enloquecidos entornos, y al que el propio Presidente del Gobierno, que hoy lo desprecia, consideraba no hace mucho un hombre de paz, tal vez imprescindible para llevar a buen término su insensato “proceso”? Verán como ahora nos vienen con eso de que no hay que precipitarse, que vamos a abrir un debate muy serio sobre la materia y que nada tiene que reprocharse una política incapaz de meter el freno en ese tren desbocado durante los tres últimos decenios. ¿Por qué no querrían coger a Karadzy los gobernantes legítimos que vinieron luego, por qué no han querido nunca nuestros Gobiernos –sólo ahora comienza a oírse tímidamente hablar del delicado tema—plantear una reforma que contemplara el cumplimiento íntegro de las penas? No espero respuestas, por descontado, pero sé de sobra que las miradas altivas de esos malnacidos esconden más de un secreto. ¿O caso puede entenderse esta tragicomedia de otra manera?

10 Comentarios

  1. No sé si era Charly, el compañero de Snoopy o Mafalda, quien dijo aquello de ‘que paren el mundo, que yo me bajo’.

    Recordemos que hay un tribunal especial para la ex Yugoslavia y que tanto PSOE -y su GAL- como el PP -y sus bajadas de pantalones- son los responsables desde hace treinta años de esas leyes tan garantistas -¿o eran franquistas?- con que se trata con guante de seda tanto a los chicos de la gasolina como a tanto criminal de guerra. (No sé por qué en estos casos se me viene a la cabeza el larguísimo y carísimo presidio que Rudolf Hess -ya saben, aquel chico de rostro alegre que se arrojó en paraca desde su Messerschmitt en el United Kingdom- siempre que se trata el tema de los gargantas profundas en las prisiones).

    Pues claro que tiene el Anfitrión más razón que un santo. Estos hijos de perra sarnosa se saben amparados por una omertá, son los dueños de secretos nefandos y miran por encima del hombro, sobre su pedestal de mierda y sangre al resto de los humanos, porque su estabulación es en jaula de oro -duchita con la compañera, paseitos para el estrés- mientras los sirleros, los yonquis y los matatías sodomizan el primer nalgatorio joven y atractivo que se les pone a tiro.

    Que paren el planetilla, por fa, que voy a potar.

  2. Estos días vivo fuera del mundo y el único hilo que ma ata es éste, esta columna que leeo no a diario sino de tres en tres o cuantro a la vez.
    No sé quien es Karadzy (aunque lo barunto) y no estoy al tanto de loque se le acusa, pero desde luego la ley española, y la francesa también debería dejar caer más peso sobre los asesinos y los criminales.
    Besos a todos.

  3. Encantadora Madame (Sicard), Karadzy es uno que organizó la violación/embarazo masivo de las musulmanas bosnias y asesinó a los varios millares de machos bosnios que encontró. El otro, uno que envió al otro mundo a veinte españoles (que se sepa) porque cree que es rugenet que se diga Euskadi (palabro inventado, vid. Jon Juaristi, “El bucle melancólico”) en lugar de País Vasco o Vacongadas. Son, señora mía, la Maldad, el Mal, como gusta decir el anfitrión de esta implacable página, tan piadosa por otra parte. Estoy asqueado como él. Y la inmensa mayoría de los españoles también.

  4. De vergüenza torera el comentario de D. JA y de Pimen Tilla con agridulces recuerdos a los mundos de Carlitos-Mafalda y de Brubaker. Mi personaje favorito del aquel era el pequeño Emilio, el inseparable de Snoopy, que acababa dándose de bruces contra el suelo a la menor oportunidad. Y es que cuesta remontar el vuelo con lo que nos hacen tragar: un batido de realidad emponzoñada en el que las maldades han hundido sus raíces formando un único rizoma con la justicia, la economía y la política. ¿Qué Karadzic no fue entregado antes hasta que Serbia tuviera luz verde para entrar en la UE?. Me da igual, para el putiferio en que se ha convertido el antiguo Club de los Seis, lo importante es que al menos un h. de p. recibirá su merecido,….espero. Cosa que no podrá decirse en el caso De Juana en nuestro embarrado suelo patrio. Pues nada unas gotas de roja granadina para hacerle más atractivo el batido a las víctimas y a toda la ciudadanía biennacida en honor a la igualdad y universalidad de los derechos humanos. ¿O no es esto sinónimo de progresismo?. País.

  5. No acierto a entender el comment de Antonio, en fin. Sobre el tema princiupal, mi acuerdo con la dura columna y algunas opiniones antes vertidas. En mi opinión no se trata tanto de venganza, ni siquiera de equidad, sino de proteger a la sociedad de aliñañas como ésas, a las qu eel Gobierno –no sospechen todavía, no me sean malpensados– vuelve a tratar con guanmte de seda, al margen de las palabras duras…

  6. Esta situación ha llegado a un punto de extremo de tensión y en física se sabe que eso es anuncio de fracturas. Verenmos que ocurre pero temo que al Gobierno se la ido de las manos el control de esos canallas delincuentes. Al menos en Europa, como dice Antonio creo que es, se garantiza un a celdita para ellos. Aquí irán de héroes, recibirán una paguita de alguna insittución pública y homenajes mil de sus camaradas patrióticas. Da asco.

  7. Miradas de humildad:

    AGENCIAS | ELMUNDO.ES

    MADRID.- La Dirección General de Instituciones Penitenciarias ha decidido excarcelar por motivos de salud al ex general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo para que siga cumpliendo en su domicilio la condena de 75 años de prisión por el asesinato de los etarras Lasa y Zabala en 1983, aunque le ha denegado su progresión a tercer grado penitenciario.

    Rodríguez Galindo podrá abandonar la prisión en los próximos días siempre que acepte el control que se le impondrá, por el que deberá volver a la cárcel los días y horas que el centro le marque, aunque Instituciones Penitenciarias no considera necesarias medidas de control telemático ya que por su especial implicación en la lucha antiterrorista queda sometido a protección personal permanente mediante escolta policial.

    La Junta de Tratamiento de la cárcel de Ocaña II (Toledo) había propuesto el régimen abierto para el ex general por el tiempo transcurrido desde que ocurrieron los hechos objeto de la condena, haber satisfecho su responsabilidad civil, haber tenido proceso de resocialización avanzado y por su grave estado de salud.

    Sin embargo, la Dirección General de Instituciones Penitenciarias ha aprobado la excarcelación de Rodríguez Galindo, pero ha rechazado su paso al tercer grado penitenciario “debido a la cuantía de la condena, la lejanía de las fechas de cumplimiento y la repercusión social de los hechos por los que fue condenado”.

    La noticia sobre la excarcelación de Rodríguez Galindo se produce justo un día después de que el diputado del PP, Ignacio Gil Lázaro, preguntara al Gobierno si se ha recibido alguna petición en torno al régimen penitenciario de los condenados por el caso Lasa y Zabala.

    Galindo comenzó a cumplir condena el 9 de mayo de 2000 en la prisión militar de Alcalá de Henares (Madrid) y el 14 de julio de 2003 ingresó en el centro penitenciario -ordinario- de Ocaña II. Previamente a la sentencia que le condenó estuvo en la cárcel de modo preventivo entre el 23 de mayo y el 2 de agosto de 1996 y entre el 15 de septiembre de 1997 y el 26 de junio de 1998.

    Durante su estancia en prisión, Rodríguez Galindo ha tenido que ser trasladado a un hospital hasta en cinco ocasiones por diferentes crisis de salud, la última vez el pasado 18 de agosto.

    La pasada primavera, el juez Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, modificó el régimen penitenciario del ex general, por lo que podrá pasar a tercer grado sin haber cumplido la mitad de su condena.

    El fiscal de la Audiencia Nacional Pedro Rubira había pedido su pase al tercer grado y las acusaciones particulares y populares personadas en la causa, entre las que se encuentran las familias de los asesinados José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala, no efectuaron alegación alguna, pese a que el juez de Vigilancia les dio un plazo de cinco días.

    El pasado 19 de diciembre, Gómez Bermúdez desestimó los recursos presentados por Galindo contra la resolución de Instituciones Penitenciarias que le denegó la progresión a tercer grado, que le permitiría ir a la cárcel sólo a dormir de lunes a jueves y disponer de los fines de semana libres.

    ——————————————————————————–

    Los responsables de la guerra sucia no cumplen ni el 10% de las penas

    Rafael Vera sigue la estela de otros altos cargos condenados por los casos Marey y Lasa-Zabala

    La concesión del tercer grado a Rafael Vera, «número dos» del Ministerio del Interior durante el mandato del presidente español Felipe González, viene a confirmar una especial forma de aplicar la política penitenciaria que ya ha permitido eludir la cárcel a otros altos responsables de la llamada guerra sucia. Ninguno de ellos ha llegado a cumplir ni el diez por ciento de las condenas que recibieron.

    IRUÑEA

    Rafael Vera, condenado por guerra sucia (secuestro de Marey) y corrupción (apropiación de fondos reservados) a penas que sumaban diecisiete años de prisión, es un inmejorable ejemplo de la política aplicada por los gobiernos españoles a este tipo de presos. Vera ha entrado en prisión cuatro veces y las cuatro ha salido de ella con enorme celeridad, aunque eso sí, por diferentes vías.

    La primera fue en 1995. Sobre el que fuera mano derecha de José Barrionuevo y su sucesor, José Luis Corcuera, pesaban fuertes acusaciones, pero la prisión preventiva apenas se prolongó durante cinco meses;pudo esquivarla con una fianza de 200 millones de pesetas, y su partido, el PSOE, se encargó de aportar el aval.

    Ya condenado por el secuestro de Segundo Marey, en setiembre de 1998 Vera volvió a entrar en prisión junto a José Barrionuevo, jaleados por sus compañeros del PSOE con Felipe González a la cabeza. Esta vez estuvo entre rejas sólo tres meses, en los que les dio tiempo a posar ante el ‘‘Guernica’’ que habían pintado en uno de los muros queriendo unir su figura a la de las víctimas del bombardeo franquista. Salió para Nochebuena, gracias a un indulto parcial del Gobierno del PP.

    En 2001, sin embargo, el Tribunal Constitucional les denegó el amparo y el Supremo decidió que nueve condenados tenían que retornar a prisión a cumplir la escasa parte de la pena que Aznar no había condonado. Esta vez fue un visto y no visto: y es que el mismo día se les concedió el régimen abierto.

    La última estancia en prisión ha sido más larga. Vera ingresó en febrero de 2005 tras la condena de siete años impuesta por llevarse casi cuatro millones de euros de la caja. Sus amigos y colaboradores insinuaron que haría una huelga de hambre para forzar su libertad. No le ha hecho falta. Enseguida se agilizó el régimen de prisión. Primero se le permitió salir cuatro días a la semana, luego cinco, y ahora ya tiene el tercer grado. Está claro que no volverá a pisar la cárcel.

    Para diversos partidos, esta medida supone claramente un pago por su silencio. Vera, por contra, se declara perjudicado en relación a otros condenados por estos hechos. Y no le faltan datos objetivos para argumentarlo: ha pasado en prisión dos años y dos meses (aunque sin dormir allí todas las noches), el 15% de las dos condenas iniciales, cuando el resto nunca ha agotado el 10% del tiempo de prisión aplicado.

    Curiosamente, en la condena por la guerra sucia hubo mejor trato para Rafael Vera que en la de la corrupción. De la primera cubrió apenas un 8,5%; de la segunda, ha purgado entre rejas un 20%.

    Los políticos del PSOE

    Por el secuestro de Segundo Marey, el Tribunal Supremo español impuso a doce acusados (políticos y policías), un total de 88 años y diez meses de prisión. Si Vera cumplió ocho meses de los diez años previos al indulto, Julián Sancristóbal ­ex secretario de Estado para la Seguridad­ pasó encarcelado apenas un año, sumando además su estancia por presunta implicación en otra acción de guerra sucia, el atentado mortal contra Santi Brouard en 1984.

    El de Sancristóbal es otro caso de prisión a plazos, siempre reducidos. Entró en diciembre de 1994 con el estallido de estos casos (fue prácticamente el primero), pero salió con fianza en agosto de 1995. Volvió con Vera y el resto en setiembre de 1998 ­aunque en otra prisión­, pero tres meses después llegó el indulto. En marzo de 1999 le ordenaron otra vez hacer el petate por el «caso Brouard», si bien cuatro meses después estaba en la calle con fianza. Y el 30 de mayo de 2001, finalmente, acudió junto al resto para conocer que no debería pasar ni una noche en la cárcel. Total: cuatro excarcelaciones, quince meses.

    El otro gran responsable político al que se castigó por el secuestro de Marey es Ricardo García Damborenea, ex secretario general del PSE en Bizkaia. Pisó la prisión en febrero de 1995, pero dos meses después estaba libre con fianza. Aunque poco más tarde reconoció ante el juez Baltasar Garzón su implicación, no se le volvió a encarcelar hasta después del juicio. Y entonces no pasó siquiera de tres meses. El Gobierno del PP, para el que ya entonces había pedido el voto, le dejó la condena de siete años en dos años y tres meses.

    Con todo, el mejor parado en proporción fue su colega guipuzcoano Julen Elgorriaga. Al ex gobernador civil y ex delegado del Gobierno le aplicó la Audiencia Nacional 71 años de cárcel por el secuestro y muerte de Joxean Lasa y Joxi Zabala, y el Supremo lo elevó luego hasta los 75. Pero no ha pasado en prisión ni dos años, menos del 3%. Estuvo como preventivo entre junio de 1996 y enero de 1998, y ya tras la sentencia, sólo entre el 9 de mayo y el 23 de julio de 2001.

    La jaula de oro de Galindo

    Tampoco ha llegado ni de lejos al 10% el ex jefe de Intxaurrondo Enrique Rodríguez Galindo. Los 75 años de cárcel escritos en la sentencia se han quedado en poco más de cuatro en la práctica. De hecho, hasta que se sentó en el banquillo de la Audiencia Nacional el general sólo pasó entre rejas 72 días: del 23 de mayo al 2 de agosto de 1996. Pese a las decenas de años de petición fiscal en su contra, llegó al juicio a pie y no en furgón, lo mismo que Elgorriaga o el teniente Angel Vaquero. Sólo los dos guardias civiles de base, Enrique Dorado Villalobos y Felipe Bayo Leal, estaban encarcelados.

    Pese a la contundencia del fallo judicial y las poses de Galindo, se auguraba que no pasaría mucho tiempo en prisión. Tras una campaña en favor del indulto que no terminó de prosperar, finalmente la excarcelación le llegó vía libertad condicional basada en motivos de salud. Desde el 1 de octubre de 2004 Galindo está en la calle. Había ingresado en prisión en mayo del año 2000.

    Galindo repartió este tiempo entre la prisión militar de Alcalá y la civil de Ocaña, a la que no fue trasladado hasta julio de 2003, tiempo después de haber sido desposeído de la condición de militar y tras una intensa resistencia por su parte. Quizás por eso, según informaron luego diversos medios, en Ocaña tanto él como el también condenado ex teniente Vaquero dispusieron de un módulo con diez celdas vacías en las que al parecer pudieron instalar televisión, ordenador y hasta un pequeño gimnasio. Se asegura además que se les permitía comprar comida fuera de la prisión. Y Galindo siguió recibiendo visitas insignes, como la de dos ex ministros ­Corcuera y Barrionuevo­ en la tarde del 11-M.

    PP y PSOE, tal para cual

    Aunque el PP hiciera bandera de la cuestión de la guerra sucia para llegar a La Moncloa en 1996, tardó muy poco en mostrar que no estaba dispuesto a que sus responsables pagaran por ello. Si el PSOE había abonado fianzas y respaldado a los condenados por secuestros hasta las puertas de la prisión, el PP hizo más: concedió un indulto parcial por el «caso Marey», el 23 de diciembre de 1998, que es el factor principal que explica que nadie haya llegado al 10% de cumplimiento.

    La entonces ministra de Justicia, Margarita Mariscal de Gante, tuvo un gesto de sinceridad aquel día al admitir que «nunca en la historia judicial española se había tramitado un indulto con tal celeridad». Y un portavoz del PP instó al PSOE a reconocer esta circunstancia porque «es de bien nacidos ser agradecidos».

    Del corazón de Elgorriaga y Galindo a la depresión del Vera aislado
    R.S.

    IRUÑEA

    Cuando el indulto no llegó o no bastaba, los condenados por guerra sucia no han encontrado en la legislación mayor problema para acceder a la libertad. Elgorriaga, Vera y Galindo la recobraron con un mismo motivo: problemas de salud.

    El caso del ex gobernador civil de Gipuzkoa fue fulminante. Ni siquiera hubo críticas de partidos cuando, recién encarcelado tras la condena, se anunció que se le había concedido un «tratamiento extrapenitenciario por grave enfermedad», al parecer coronaria. Fue en octubre de 2004, y de Elgorriaga no se ha vuelto a oír hablar.

    Rodríguez Galindo alegó problemas cardiovasculares, y la responsable de Instituciones Penitenciarias hizo el resto. Mercedes Gallizo lanzó una extensa excusatio non petita cuando el ex general quedó libre: «No tiene un problema circunstancial, sino algo que podría agravarse de manera considerable en prisión. Mantiene además el segundo grado y está bajo custodia del Estado. La Junta de Tratamiento de Ocaña ya había recomendado meses antes esta medida, pero yo no la acepté. Hay que tener una consideración humanitaria con las personas privadas de libertad».

    En el caso de Vera, ha sido una depresión que, al parecer, afectó también a su mujer. El motivo hecho público por la Audiencia de Madrid era el aislamiento impuesto «debido al alto cargo que ocupó». El auto emitido en el mes de junio, cuando se le permitió ya salir a la calle cinco días a la semana, indicaba que «pensar que este es un tercer grado disimulado sería un mal pensamiento». Ahora sí que lo tiene de forma oficial.

  8. ¿Qué no acierta a comprender Sr. Pangloss? El nivel me parece de parvulitos, pero si de lo que se trata es de seguir clavando el lápiz en la retina, pues ná, a mí me queda para rato, anquilosaditas las tengo. Lo siento Dña. Passi pero es a que veces…….y mira que uno está dispuesto a darle al Sutra del Diamante si hace falta.

  9. mú retrasailla:
    Pos tampoco yo acierto a ello, don Antonio: ¿le molesta que evoquen figuras del mundo del cómic hablando de esos asesinos? O es otra cosa…
    Sino, naturalmente , lo importante es que la sociedad consiga protejerse de las alimañas, como dice don Pangloss.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.