En este Estado tan laicista que ya no puede serlo más, la intendencia para los más desvalidos sigue corriendo por cuenta de iniciativas religiosas. Cáritas, por ejemplo, reparte comida, ropa o medicinas, saca de apuros a la familia hipotecada y echa una mano al parado, pero además, ahora acaba de repartir más de mil mantas para que no se congelen los parias de nuestros asentamientos en medio del temporal y las heladas. Y mientras, las Administraciones dilapidan millones por un tubo en lujosas sedes, viajes de fábula y hasta en canallescas mariscadas a cargo del contribuyente. Esas mil mantas son todo un símbolo. De ellas habría que tirar con fuerza si quedara dignidad.

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