No quiere debates en directo y a cara de perro la presidenta Díaz y es lógico. Para eso tiene su tele propia –¡“la nuestra”!— y la sartén por el mango. Pero sobre todo tiene demasiadas nubes negras encima, estando expuesta, como estará durante la campaña electoral, al tiroteo inmisericorde de los ERE con la francachela de los puticlubs al fondo. Eso sí, por parecidas razones no le interesó en su día al PP y por eso tampoco quiso debate. Cómo se ve, pues, aquí lo de menos es el respeto a la Opinión y lo que prima es el interés partidista. Los partidos quieren una política de espaldas al pueblo y por eso apagan la tele durante la campaña electoral. ¡Todos! Y ni que decir tiene los que gozan del impagable privilegio de ser los dueños del televisor.

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