Razón la que llevaba Rousseau cuando dijo que el primer hombre que cercó su parcela y dijo eso tan cinematográfico de “esta tierra es mía” (o de mi señora) fue el culpable de la que se nos vino luego en lo alto. El concejal valverdeño y paje de Cejudo, Rodríguez Donaire, se pasó por el arco al maestro cuando alambró su pegujal beasino en la Fuente de la Corcha obligando a la tradicional romería a cambiar de itinerario y, en definitiva, a optar por construirse una nueva ermita. Donaire, eso sí, está en plena sintonía con el ultralaicismo guerracivilista que nos invade y debe de sentirse, con razón, respaldado en su arrogancia por los poderes superiores, pero hay gestos que retratan y ése de obligar caprichosamente a un pueblo a dar un rodeo, es uno de ellos. Hay personajillos de tres al cuarto que da miedo pensar qué serían de alcanzar mayor altura. Donaire –lacayo político, nepotista probado, prepotente en la aldea y sumiso en la ciudad—es un ejemplo perfecto de ello.

1 Comentario

  1. Yo asistí a esa Misa de inauguración de la ermita en el Cabezo de la Virgen. Y me pareció indignante el ver en primera fila a semejante “elemento”. Pero el colmo fue cuando sacó el primer cigarrillo y expelía el humo, en actitud chulesca, casi a las barbas de los concelebrantes. Menos mal que no se llevó el “puchero”.
    Pienso que el Oficiante principal estuvo demasiado prudente. Podría haberle dicho simplemente: por favor, Sr. Donaire, vaya Ud. a fumarse el pitillo uno metros más allá. Ahí detrás de esos alambres de espino.
    Creo que la Hermandad de Nuestra Señora de la Salud tambien podría haber evitado la escena si, previamente, lo hubiera nombrado persona “non grata” en el nuevo recinto dedicado a la Romería de la Virgen. Razones había de sobra.

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