La saga interminable de asesinatos masivos que está viviendo México en el marco de su proverbial inseguridad ha culminado, de momento, con el informe que el presidente del Gobierno ha enviado al Senado de la nación para confirmarle que las policías “no son recomendables”, curioso eufemismo que da una idea del problemón con que se ha encontrado, finalmente, este hombre, Felipe Calderón, al que sus críticos llaman confianzudamente ‘Jelipe’ y a quien ponen de chupa de dómine. En el informe de referencia se especifica que la mitad de los 56.000 agentes federales, estatales y municipales no son, en efecto, “recomendables”, habiendo estados –como Baja California, Zacatecas o Coahuila – que elevan sus porcentajes entre el 60 y el 90 por ciento. Es la primera vez, que yo sepa, que un  régimen tradicionalmente corrupto admite su derrumbe moral y apunta sin ambages a la causa de sus degeneraciones, dándose a sí mismo un ilusorio plazo de un año para si no extirpar esa lacra, al menos aliviarla en la medida de lo humanamente posible. Ahora, pues, podemos entender el disparate de las últimas razzias asesinas, del auge de los secuestros-exprés, de la generalización de la tradicional “mordida” que decían los ingenuos que acabaría cediendo hasta extinguirse una vez  desplazado el PRI y su entramado de corrupción organizado escrupulosamente durante más de 70 maños de poder absoluto. No es ningún secreto que en México la seguridad es más bien un albur, que tras el escenario deslumbrante que se extiende en la falda del volcán, lo que hay, en realidad, es una jungla con leyes propias en la que la arbitrariedad manda y la violencia resuelve el día a día. Pero es verdad que, con todo y haber en esa crónica etapas bien crudas, lo que está viviendo ese país amigo es una catástrofe que ilustra bien el demoledor informe que el Gobierno se ha visto obligado a reconocer. El tema no se agota, no obstante ni en la detección del mal ni en el propósito de enmienda, pues parece obvio que el inaudito desorden que en la actualidad vive México no se entiende –ni, en consecuencia, podrá ser afrontado—de no asumirlo como la herencia lógica de un sistema político corrompido hasta el tuétano a la sombra de una revolución traicionada.

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No hay poder que perdure sin deterioro visible. El largo periodo victoriano, los reinados inacabable de Guillermo II o Francisco José, conocieron esa conmoción interna que mina la legalidad  de manera muy distinta a lo que ocurre en las dictaduras, por supuesto, pero de manera también fatal. Lo que, probablemente, hace distinto el caso de México es que el estado de permanente ilegalidad en el que se han acostumbrado a vivir sus ciudadanos no es el producto de una acción externa al Poder –al Estado, en última y definitiva instancia—sino una derivación, una consecuencia inevitable de la misma organización política. ¿Cómo esperar la paz social con unas policías rapaces y criminales frente a cuyos desmanes se hace la vista gorda porque se les paga una miseria? Yo he visto a un funcionario exigirle sin palabras la “mordida” nada menos que a un diplomático al que se le escapaba el vuelo, y soy testigo de cómo éste accedió a meter en el pasaporte, como quien no quiere la cosa, el exigido billete de diez dólares. Luego han venido los asaltos, los secuestros, los robos camineros, el acoso al forastero y ha llegado a ser habitual el envío de orejas cortadas a los familiares de los rehenes. Pero toda esa miseria no la ha creado de la nada el malevaje, sino que es la consecuencia de un pacto social suicida pero longevo ya, que ‘normalizó’ la ilegalidad desdramatizando sus consecuencias políticas. El México revolucionario y liberal ha degenerado en una incontrolable garduña en la que “los de abajo”, como decía Azuela, no hacen sino replicar la codicia y la brutalidad de sus honorables dirigentes.

9 Comentarios

  1. Dios, la hora que es y la mesa camilla del casinillo sin un socio y ni una pava en el cenicero. ¿Pero ehto qué éh lo que éh; que diría uno de Graná? ¿Por ventura no hay corrupción en la Pieldetoro, no hay mordidas, tipo tres por ciento -conozco a un exconcejal a quien llamaban ‘míster Cincoporciento’- no hay chanchullos, no hay pasamadama bajo los manteles, no hay desde camiones de hormigón que equivocan su destino hasta ceros que se bailan en una factura?

    Digamos que el Anfitrión deja encima de la mesa dos lacras de los Estados Unidos de México, país ¿hermano?, la corrupción dizque institucionalizada y la violencia al por mayor. Sé que frecuenta las páginas de La Jornada del D.F. y me hizo aficionarme al menos a leer algunos titulares. No tiene desperdicio el hecho de que una sección fija se titule ‘Sociedad y Justicia’ y allí se lea, desde el choque con ‘golpiza’ entre maestros de distintos idearios hasta el llamamiento para que sea la prensa, ¿les suena?, quien desenmascare injusticias y corrupciones (¿de?), para terminar con la impunidad y obligar al esclarecimiento de los hechos. Intelligenti pauca.

    Ese enorme e inmediato patio trasero del Imperio tardará tiempo en soltar el lastre de aquella Revolución Institucional que duró setenta y un año durante los cuales los palos del sombrajo estuvieron sumergidos en el cieno. Lo que es maravilla es que no se produjera un derrumbamiento aún mayor. Y pensar que había por estos pagos quienes aspiraban a repetir la fórmula. No les faltó desde luego un serio trabajo de cimentación. Pienso.

  2. Sí, imperdonable que se haya quedado sola Dª Epi. Por mi parte ha sido una tentación demasiado grande el no perderme una jornada entre bosques nevados y posteriores migas.
    Magnífica la columna sobre ese fascinante y gran país pese a lo que está pasando. La vinculación entre la corrupción y la violencia que genera es extrema, canalizada cómo no por el poder del dinero. Pero en mayor o nivel grado es una plaga de la que no se libra ninguna sociedad, y me refiero a esas conductas que se trivializan y acaban contaminando toda la vida social con la consiguiente claudicación de la moralidad y de la legalidad. ¿No ha comprobado cómo en repetidas ocasiones cuándo se intenta denunciar algunas de ellas no falta el que dice “como si los otros no hicieran lo mismo si pudieran”?. Así nos va.
    Buenas y heladas noches.

  3. lo que ocurre en mexico no es ni mas ni menos que una herencia moderna del antiguo trueque mercantil, con la gran diferencia que en este caso el trafico es humano, tu dinero por mi rehen, pero este problema se agrava cuando en determinadas provincias mexicanas se enfrentan los interes de empresarios externos, com es el caso de las maquilas, el caso es que por una cosa o por otra, sino es corrupcion es explotacion, aunque bien visto este mal extiende sus tentaculos a lo largo de todo el mundo con sus escandalos politicos internacionales, con sus guerras politizadas o no son eso casos igualmente de corrupcion, aunque se presentan con mayor intensidad en los paises menos desarrollados y mas desfavorecidos,la unica diferencia importante entre estados desarrollados y los que no, es que en los primeros la corrupcion se desarrolla inteligentemente entre los que politicamente tienen el poder y en los segundos esta corrupcion implica y forma parte de la vida de sus ciudadanos.

  4. Sí, mi sr. Jukes. Quienes no vivimos en Andalucía, no tenemos el recurso de gastarnos el leuro, o los dos y pico, en el papelote con tinta de EM del siglo XXI de Andalucía y de los GG. EE. EE, lo que sí pueden hacer catalunyeses, baleáricos y gatos.

    Servidora, aún estando suscrita y al corriente con la edición digital en €uro$ constantes y sonantes del susodicho Diario, no puede leer al Anfitrión, a mi don Rosell y a toda la barra de Caraballos, Robles y Porras con lo que me gustaría. Pero donde manda la plata, hay que agachar la cabeza y decir que lo blanco es negro. Amén, así sea.

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