¿Fascismo islámico? Bush no es precisamente un  teórico pero no es él sólo el que anda a vueltas estos difíciles días con el improperio que trata de justificar en la memoria simbólica la “guerra contra el terror”. No vamos a ninguna parte inventándonos etiquetas. Lo de fascismo islámico, por ejemplo, es una bobada que suena malamente, además, en boca de quien, como los EEUU, subvencionó durante los años 80 (casi toda la década) la guerra de los fascistas iraquíes de Sadam contra los islamistas iraníes de Jomeini. Se dirá que el muftí de Jerusalén pasaba revista a las SS brazo en alto, pero eso también parece que lo hacía Günter Grass (lo cuenta él mismo en sus memorias) y hasta se sospecha que pudo hacerlo Mitterand  aunque a nadie se le ocurra a estas alturas relacionarlos con el nazifacsismo. Lo poco que sabemos de este último episodio de la cruzada islamista contra Occidente es que su mecanismo es religioso más que social. Sin despreciar la hipótesis que cifra el odio islamista en causas socioeconómicas, que tanto juego dio cuando la reciente subversión de la ‘banlieu’ parisina, parece más ecuánime aceptar el hecho desconcertante de que la índole de la rebeldía del radicalismo mahometano contra nuestra cultura es estrictamente religiosa y que la condición de sus protagonistas es sobre todo burguesa: los “british-born boys” que proyectaban volarnos sin contemplaciones en medio del océano son coleguitas de la clase media acomodada, no precisamente parias de la tierra. Habrá, pues, que buscar mejores explicaciones a la conciencia terrorista, aceptar de una vez, sin que ello implique la condena de la religión en su conjunto, que su fundamento es religioso más que social o político, entender que el motor del fanatismo es la construcción ideológica que se encarga, por supuesto, de alimentar el odio en las tripas. Un fascista islámico sería, un poner, cualquiera de los régulos o sátrapas aliados de Occidente desde el Magreb a Pakistán. Estos no. Estos son los arcángeles flamígeros de una religión que se mantiene medieval en pleno siglo XXI. En cierto modo, son más “nuestros” que ajenos, más de Blair que de Ahmadinejad. Al tiempo.
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Un profesor de Princeton, Bernard Lewis, experto en cuestiones islámicas, ha avisado en el Wall Street Journal sobre la posibilidad de que el próximo 22, aniversario del viaje de Mahoma a Jerusalén y de su posterior ascensión a los cielos, sea el día elegido por los estrategas del terror sacro para provocar el Apocalipsis, y a lo peor no es una casualidad que ese mismo día haya sido señalado por el presidente iraní para dar una respuesta sobre el pleito nuclear, consistente en “iluminar con la bomba” la noche de la Ciudad Santa, metáfora que obviamente alude a las milagrosas luminarias que, según el mito, alumbraron aquella anábasis del Profeta. ¿Qué, hablamos de fascismo, que es más cómodo, o llamamos a las cosas por su nombre y decimos de una vez que en el seno del Islam ha surgido –como tantas veces en la historia—un movimiento devastador y suicida empeñado en acabar con la única civilización conocida en la historia humana? En Londres, el sucesor del imán Omar Bakri, ahora creo que entre rejas, se ha apresurado a proclamar que el siniestro complot descubierto no es más que un montaje contra los intereses islamistas, pero circulan sondeos que descubren que la mitad de esos islamistas británicos (la “segunda generación” famosa) se considera antes musulmana que británica. Lo que estamos viviendo es una guerra de religión, la primera entre tantas que se libra con mesnadas suicidas y que es ubicua gracias a Internet, ese invento crucial de la civilización combatida. Nada de fascismos ni monsergas: éste es un terrorismo inspirado en una lectura particular del Islam y santas pascuas. Una vieja historia, después de todo, Una historia que nunca hemos aprendido y no parece que estemos entendiendo ahora tampoco.

4 Comentarios

  1. Uf..esto necesita reflexión para su respuesta. Tengo mucho que hacer doméstico-familiar y me impide reflejar con acierto mi respuesta.

    Solo un cosa a vuela pluma: Nunca he creído en guerras religiosas, pués siempre hay detrás de todas ellas motivos ocultos, económicos y materiales.

    Y siguiendo con lo mismo voy a intentar dejar de usar pseudónimos en la RED y dejar la hipocresía.

    A partir de hoy me publicitaré con mi nombre y primer apellido.

    Juan Moreno.

  2. (Si yo tuviera ese monarquismo implícito en el nombre -juas, juas, no me lo tome a mal, don Juan- también lo andaría publicando y me dejaría de epimonsergas).

    Lo del fanatismo religioso lo comparto con el Maestro, aunque no al cien por ciento. A un joven, o jóvena, es fácil comerle la cabeza por muy disoluta que sea la sociedad en que vive, y quizás más por eso precisamente. Basta hacerle comprender la basura en la que estamos metidas para lavarle el cerebro y luego imprimirle en ese blanco, blanquísimo, cualquier totalitarismo, si es con el barniz de la religión, pues tanto mejor.

    Pero tiene que haber algo más. Casi todos los que fuimos cachorros durante el franquismo recibimos nuestra dosis de fe en Dios, nuestro goteo en vena de ideas imperiales y nuestra tabarra entusiasta de montañas nevadas y estrellas polares en el horizonte. Nos fuimos quitando a base de leer -quien tuvo suerte y posibles, viajó también- y pensar.

    Pero lo más fácil era medrar a la sombra del régimen, y a la muerte del ferrolano muchos supieron mojar el dedo y orientarse por el viento hacia donde soplaba el nuevo régimen. Al fin y al cabo, la mayoría de esa segunda generación con tanto peligro, en la banlieu o en Rivasvaciamadrid, lo que pretende es tener unas zapatillas deportivas de marca y vivir gustosa de la sopa boba. Lo malo es que los pocos que quedarían para leer y pensar caen en manos de los chiflados del turbante.
    Y ahí está el problema.

  3. 23:55
    En el nombre de Dios…

    Cuantas calamidades, guerras, asesinatos, injusticias… en el nombre de Dios.
    Todos tienen a Dios de su parte. Ninguna herramienta más poderosa que el mismo Dios en manos de los hombres.

    Cuanto mejoraría la Humanidad si Dios desapareciera de la Tierra porque, desde luego, en el Cielo no está.

  4. Coj…inetes, don Elitróforo, volteriano me sorprende usía. Mire que el Anfitrión le va a largar el rollete del mitologema y todo éso. (En el fondo, sabe usted muy bien que comparto su redonda afirmación).

    Lo que ocurre a veces (mea culpa, mea máxima culpa) es que el Maestro nos propone un tema abierto, de una complejidad enorme, desarrollado en su extensa columna y nosotros intentamos -yo la primera, bien lo sabe el cielo- meter en seis renglones, incluso yo misma a pesar de mi verborragia, una conclusión lapidaria, cuando la cosa tiene más sinuosidades que las carreteras de la sierra.

    Usted sabe cuánto le aprecio.

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