El relevo generacional en Inditex, con el paso delante de la hija de Amancio Ortega, ha dado motivo al personal de Podemos para irrumpir en el barullo nacional con la matraca de la meritocracia. Un profesor sin mayor relieve que el cobro de una beca fantasma y una ex-reportera de La Tuerca, ¡ nada menos!, han salido a los medios a protestar porque una hija bien entrenada herede a un padre constructor de una de las primeras empresas del planeta, y lo hacen en plan irónico con el resabiado argumento de que el éxito de esa mujer empresaria no se debe a sus méritos sino a ese dudoso derecho hereditario que creen incomparable con sus tristes ejecutorias. ¡Hasta hablan despectivamente de la condición de “empleada” de esa heredera quienes tienen ministras que agotaron su mérito en la caja de un supermercado! Paciencia.

Qué poco sabe esta tropa sobre el pensamiento de sus predecesores. Ni siquiera recuerdan –si es que alguna vez la conocieron—la curiosa polémica que en los debates de la Iª Internacional mantuvieron ardorosamente un Bakunin que predicaba incontinente la abolición de la herencia, y un Carlos Marx, nada menos, que consciente del despropósito que esa medida supondría, salvaba el tipo con el argumento de que al movimiento revolucionario convenía más aguardar a que la abolición de la propiedad privada de los medios de producción –ese ilusorio “dies incertus an incertus quando”–  implicaría, sin necesidad de mayores traumas, la desaparición del viejo derecho. No se trata ya, pues, de que esa patulea oportunista desprecie el mérito ajeno sino de que ignora hasta sus fuentes más señeras. “¡Abolid el Estado y veréis como el capital se va al carajo!, había avisado un tal Engels a quien, más que probablemente, esta panda no conoce ni de oídas.

Decididamente aquellos profetas suponían un nivelazo intelectual incomparable al de estos bienpagados membrillos, a pesar de que, en su día, aquellos dispusieron de medios formativos muy inferiores a los actuales y, lo que es peor, a pesar de que la sociedad que pretendían revolucionar en pleon siglo XIX fuera infinitamente menos compleja que la que ha caído alegremente en mano de estos indocumentados. ¿Qué cabía esperar de las Bibianas y las Pajines, de las Monteros y los Garzones, de los Ivanes y las Calvo cuando incluso un “sabio” consagrado como Castell está dejando como un solar el sistema educativo?

No veo nada de extraño, en definitiva, en esa demagógica invocación de la meritocracia por parte de unos paniaguados a los que el ilusionismo populista ha ofrecido oportunidades tan fabulosas como inmerecidas. De la ópera bufa que empezó con Zapatero no cabía esperar con Sánchez más que una progresiva degradación. “En la actual Izquierda no hay más que mindundis que buscan su carrera”: así de claro y terminante lo ha resumido alguien tan irreprochable como Fernando Savater.

 

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