Sería divertido si no fuera para llorar, el espectáculo que ofrecen nuestras instituciones políticas y agentes sociales a la hora de interpretar la estadística de paro. ¿Quién es culpable si en una autonomía –la nuestra, por ejemplo—el desempleo crece mientras desciende en el resto de España, y de quién es el mérito si ocurre lo contrario? Mientras se ponen de acuerdo reclamemos a todos los que viven de la interpretación un criterio fijo y, ya puestos, una explicación sobre la causa determinante de la fatal excepcionalidad de Andalucía que la mantiene, al parecer sin remedio, enganchada al vagón de cola.

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