Lo más grave que puede decírsele a un dirigente político, en especial en momentos de crisis de la confianza, es que actúa como un mentiroso. Y mentiroso le dicen estos días los sindicatos, incluido el “hermano” UGT, al presidente del Gobierno, o los trabajadores de Astilleros onubenses al presidente Griñán y a su acólito Mario Jiménez. La verdad es que no resulta fácil contradecirles –sobre todo en relación con el último citado—si se recuerda la crónica de los acontecimientos desde que estalló el conflicto, porque la verdad es que el PSOE “garantizó” a esos trabajadores amenazados, probablemente a sabiendas de la que se avecinaba, lo que nunca debió prometer. Que la Junta ha jugado aquí con dos barajas no se puede negar. Los trabajadores, por supuestos, están convencidos de ello.

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