Es absolutamente necesario, cada vez más, insistir en que la operación  de rescate de la “memoria histórica” de la guerra civil y el franquismo –baza demagógica del anterior Gobierno– no va por buen camino. En uno de sus sensatos y brillantes artículos, el historiador Alfonso Lazo –a quien nadie discutirá su doble legitimidad de progresista militante y de hijo de represaliado por la República en Paracuellos– advertía sobre la bizarra ocurrencia de colocar a un sindicalista al frente de una “Comisaría” (el término es elocuente) en vez de poner esa tarea memorialística en manos de un historiador, es decir, de un científico imparcial y no militante. Y antier mismo, el honorable Pujol se ha dejado cae en Cataluña con unas declaraciones, que no excluyen el ‘mea culpa’, en las que la que califica de ‘sectaria’ a la Generalitat actual por su ley de la Memoria Histórica que, en todo caso, si no ando muy equivocado, proponía una investigación completa, es decir, atenta a lo ocurrido en los dos bandos. “En Cataluña –ha dicho Pujol– teníamos la suerte macabra de haber sido a un tiempo verdugos y mártires”, una “doble vergüenza” de todos que requeriría pedir perdón, no sólo a la Iglesia, como se ha reclamado desde ciertas instancias radicales, sino a la propia Generalitat por cuya negligencia o incapacidad fueron victimados en la región “5.500 curas, monjas, democristianos, carlistas o falangistas”. Una consideración justiciera que pone de relieve los riesgos que implica hurgar en las heridas de un conflicto civil y tratar de revivirlo cuando las nuevas generaciones distan ya de él tres cuartos de siglo. Y un caso definitivo: la mismísima Comisión Permanente del Consejo Escolar del Estado ha aprobado una propuesta del Sindicato de Estudiantes en la que se pedía la retirada del nombre al Colegio ‘Diecinueve de Julio’ que conmemora en Bailén la hoy discutida hazaña de los garrochistas contra Napoleón en 1808, al confundirlo con una alusión a la sublevación  franquista que se produjo un siglo después aunque un día antes. Así se escribe la Historia en estos tiempos del cólera.

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Mala cosa, poner la memoria en manos de ‘comisarios’, garantía absoluta de parcialidad frente al necesario carácter objetivo de la Historia, pero sobre todo, insidiosa operación de rencor a la que ha de resultar imposible mantener un criterio imparcial. Es verdad que el asunto es más sencillo, pues toda esta movida no responde más que a una elemental estrategia de Zapatero dirigida a radicalizar la oposición al PP identíficándolo arbitrariamente con uno de los bandos en liza, pero no cabe duda de que la operación está reabriendo, al menos a niveles locales, una dialéctica más que superada a medias por el tiempo transcurrido y el designio de concordia que animó a la única izquierda activa bajo la dictadura desde los primeros años de la postguerra, y que se impuso entre todos durante la Transición. Dice Pujol que él mismo debió pedir perdón su día, como debió pedirlo su antecesor Tarradellas, pero una anécdota como la protagonizada por esos activistas estudiantiles y respaldada por tan alta institución pone de manifiesto que ni siquiera se trata ya de poner las cosas en su sitio sino de revolver el patio de cualquier manera. La Historia ha de reservarse a los historiadores, a ser posible a los que tengan ya probada su suficiencia y no a los espontáneos, y la memoria ha de ser manejada como un elemento de identidad y no como un canto arrojadizo para descalabrar al rival salvando la propia cabeza. Significativamente, los más conspicuos conocedores de esa Historia, varios de ellos extranjeros, se han pronunciado contra este goyesco ajuste de cuentas que, por supuesto, podría rebotar como un boomerang sobre sus propios promotores. Es por los hijos y nietos, no por los padres y abuelos, por quienes debería velar esta legión de fosores.

10 Comentarios

  1. 13:01
    “…por quienes debería velar esta legión de fosores.”
    ¿Fosores? Carroñeros diría yo.

  2. 13:04
    Para don Marchena con retraso:

    Cuando no pueda dormir, querido Abate, póngase a contar ovejas en vez de a ofender a los andaluces. Tomar barbitúricos o masturbarse también puede dar resultado.

  3. Conozco un pueblo que es o fue cabeza de partido judicial. Allí había una cárcel ‘del partido’ (judicial, no piensen en otras cosas). Cuando Queipo amarró la toma de Sevilla, los legionarios empezaron su marcha ‘tomando’ pueblos por los alrededores. Mientras se acercaba el tsunami de las tropas africanas, pocos días antes de la ola rojigualda, en el patio de esa cárcel mataron a buen número de las ‘personas de orden’ de ese pueblo. Ya saben: los que iban a misa, aunque tuvieran callos en las manos; a algún funcionario público derechoso y a su hijo, por ser su hijo; disculpen que no recuerde muchos otros oficios. Algún cacique del pueblo estaba ya de Faro para allá.

    Hubo una lápida de mármol en la puerta de esa cárcel con los nombres de los citados ‘caídos por Dios y por España’. Hace ya su buen puñado de años que la quitaron. Ahora, en lo que fue el antiguo cementerio, ya integrado en el casco urbano, hay prevista la construcción de unas viviendas. Ha sido denunciado a alguna fiscalía porque por allí “presuntamente”, aunque también probablemente, puede haber una fosa común con fusilados del otro bando. La reacción a lo anterior, ya saben. Pocos, ¿ninguno?, de los nietos de los sepultados tiene interés en escarbar buscando calaveras. Pero las izquierdas del pueblo están empeñadas en el tema, pues otras cosas sin importancia, aunque pertenezcan al día a día del pueblo, las trae al fresco. Vienen las izquierdas de otros pueblos a hacerles coro. Hay quienes mean en lata y no suena y quienes mean en lana y truena.

    (Huy, don Griyo. Con respecto a su último consejo: con lo cansado que resulta eso. Ande, ande.)

  4. Me parece muy oportuna la distinción entre “expertos” y “especialistas”, sobre todo cuando vemos cómo a diario se confunden constantemente ambos conceptos: Una persona recién licenciada en medicina y cirugía no es en modo alguno una experta en cirugía, y parece poco prudente ponerse directamente en sus manos sin contar con la asistencia de otras más expertas. En educación, sin embargo, estamos acostumbrados que se dé un enorme poder a pedagogos que no han dado clase o apenas lo han hecho. Si encima no se es especialista siquiera, como en el caso del sindicalista, sobra cualquier comentario. Porque, desde luego, una cosa es predicar y otra dar gtrigo, como se suele decir.

  5. Ahora resulta que son los gallegos los que organizan los saraos de la Semana Santa, La Feria de Abril, El Rocío y al madre que lo trajo.

    ¡¡Ud debe ser un folclórico sevillano empedernido!!

    Sepa querido Griyo que hay cada vez más ANDALUCES que huyen de dichas celebraciones.

    Y ahora sonría con el granaíno y quítese la mala llet:http://www.youtube.com/watch?v=IQYPIP74ycY

  6. 19:02
    No me gusta el Rocío, la Feria de Sevilla ni la Semana Santa pero respeto a los que participan y a los que les gusta.
    Yo me pregunto ¿Y a Vd. cómo le molestan unos eventos tan lejanos.? Seguramente porque es masoquista como ya me aceptó hace algún tiempo.

  7. don Jose Antonio siempre tan atento a la Historia, y a sus lecciones.
    Ya quisiera yo aquí una voz a la vez tan clara y tan mesurada.
    Añado que fue dificil entrar esta noche.
    Espero se encuentren todos bien, y que la Feria se prosiga con éxito.

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